APUNTES SOBRE ÚLTIMOS FILMS VISTOS, 3ª PARTE (FEBRER0-MARZO 2009)

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    El luchador (The Wrestler, 2008), de Darren Aronofsky.- No me costaría demasiado considerar esta película de Darren Aronofsky la mejor que haya hecho hasta la fecha, a pesar de que siento una gran simpatía (pero sin un entusiasmo desbordado) hacia sus tres anteriores propuestas, Pi, fe en el caos (Pi, 1998), Réquiem por un sueño (Requiem for a Dream, 2000) y La fuente de la vida (The Fountain, 2006). Ignoro si a partir de El luchador su realizador empezará a rebajar su tendencia (muy criticada por algunos; para mí, en cambio, interesante) a la pirotecnia visual, pero en cualquier caso el film parece hecho con ganas, y se nota. La odisea personal del decadente luchador de lucha libre Randy “The Ram” Robinson (Mickey Rourke en el papel de su vida) atesora, tal y como Aronofsky la cuenta, una textura dramática y a ratos incluso poética que acaba siendo sinceramente conmovedora. Me han llamado la atención muchas cosas de esta película; una de ellas, en particular, es el recurso a un plano del que se abusa demasiado en el cine actual, el plano medio o plano general del personaje cuyos pasos son seguidos por una cámara móvil pegada a sus espaldas, que aquí también aparece con frecuencia pero está en cambio bien dosificado y tiene un sentido funcional y muy eficaz: el espectador “sigue” a Randy en su triste deambular por el entorno laboral y cotidiano en el que se mueve (en un procedimiento muy característico, por cierto, del cine estadounidense, donde suele ser frecuente que el punto de vista de un personaje sirva para describirle al espectador “desde dentro” las interioridades de un mundo que en principio desconoce); pero, a la vez, en esos planos se yuxtaponen la grandeza y la miseria del protagonista: la grandeza, artificial si se quiere pero grandeza a fin de cuentas, de un hombre que en el pasado fue admirado por las masas, y al mismo tiempo la miseria de alguien que vive en un mundo irreal, que ha interpretado una farsa durante toda su vida –es significativo que en todo momento quede muy claro que la lucha libre no es más que un espectáculo donde todo (golpes, caídas, sangrías) está acordado de antemano— y ahora es incapaz de afrontar la dureza de la vida real. Randy se debate a lo largo de todo el relato en medio de esa contradicción: el deseo de mantener su vieja gloria como luchador, de seguir sintiéndose joven (su amistad con los niños que juegan cerca de su roulotte), de recuperar su perdida relación con su hija Stephanie (Evan Rachel Wood), incluso de vivir un amor completo con la bailarina de strip-tease Cassidy (excelente, como siempre, Marisa Tomei), otra persona que, como él, vive de su propio cuerpo; un cuerpo que, como el de él, empieza a notar los estragos del tiempo (véase la escena de su presentación, en la cual unos chicos para los cuales ejecuta “un baile privado” se ríen de ella porque, dicen, les recuerda a sus madres…). El luchador es la antítesis de Rocky (ídem, 1976, John G. Avildsen) y está más cerca, en cambio, del Fat City (ídem, 1972) de John Huston. Las excelentes secuencias de lucha, momentos tan aterradoramente patéticos como aquél en el cual vemos a Randy y a otros luchadores en decadencia vendiendo recuerdos y un pobre merchandising de sus figuras (autógrafos a 8 dólares, filmaciones de sus combates ¡en VHS!), la sensibilidad de otros como los que muestran los esfuerzos de Randy con tal de volver a ver a su hija, el significativo fundido en negro con el que se cierra el relato (y no explico nada…) y la extraordinaria interpretación de Rourke son razones más que suficientes para ver el film. Puede reprochársele algún defecto de guión (la resolución final de la relación de Randy con su hija me parece algo tópica y excesivamente precipitada), pero no consigue empañar la solidez del resultado.   

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    Euforia (Eyforiya, 2006), de Ivan Vyrypayev.- Hace poco he recuperado, vía grabación de televisión, esta película rusa que, si no me equivoco, pasó prácticamente desapercibida en el momento de su estreno en cines españoles y que, lo digo ya, me ha parecido extraordinaria, una de las mejores y más brillantes experimentaciones con el lenguaje “convencional” del cine que haya visto en años. Con franqueza, no comprendo que un film de semejante envergadura esté ya tan olvidado a tres años vista de su producción, porque a mi entender debería haber despertado el entusiasmo de todo ese sector de la crítica de cine española que siempre va proclamando que ya no existe experimentación en el cine actual; pues aquí la hay, y en abundancia. La trama propiamente dicha es una mera excusa para una puesta en escena que se dedica a dinamitar muchas soluciones propias de las películas, digamos, “normales”, pero hecha con un sentido determinado y aportando ideas frescas y renovadoras; dicha trama, deliberadamente sencilla, ya es de entrada toda una declaración de principios: una historia de amour fou, en virtud de la cual un hombre, Pavel (Maksim Ushakov), se enamora de una mujer, Vera (Polina Agureyeva), casada y madre de una hija, con la cual emprende una loca huida a través de la estepa rusa, siendo perseguidos por Valeri (Mikhail Okunev), el marido despechado; Euforia ataca desde el principio la noción preestablecida de que el cine siempre tiene que contar algo: su trama, en sí misma considerada, no tendría el menor interés, ni siquiera sentido, si no estuviese contada de la manera en que lo está. Premonitoriamente, la película se abre con una secuencia sin conexión argumental con el resto de la trama, pero que sirve para situar al espectador en un determinado contexto narrativo: un demente se sube a una moto y se lanza a toda velocidad por un camino rural; de repente, dicho camino se desvía en otros dos a izquierda y derecha, pero el demente no se detiene y elige un tercer camino, el del centro, a campo través; de este modo ya se nos está diciendo que el film no va a seguir ningún camino establecido, sino que va a ir a su aire. En efecto, en la secuencia siguiente, vemos en un largo plano general las deliberaciones de Pavel dichas en voz alta a un amigo; los dos están en medio del campo y Pavel no para de caminar de una dirección a otra, avisando a su amigo de que está locamente enamorado de Vera, una mujer a la que vio por casualidad y a la que desde entonces no ha podido quitarse de la cabeza; Pavel parece en todo momento tomar una determinada ruta para ir a buscar a Vera, tal y como es su propósito, pero no para de girar sobre sí mismo y de tomar otra dirección. Cuando se decide, se sube a su coche y emprende su viaje: una serie de extraordinarios planos aéreos siguen a lo lejos el periplo de Pavel, pero con la cámara volando en dirección contraria a la del coche del protagonista (una de las muchas violaciones de la narrativa convencional que atesora el film: la cámara no “vuela” hacia el lugar donde se dirige Pavel, sino al revés, “vuela” desde el punto de destino del personaje: una poética forma de poner en relación, antes de que se hayan visto siquiera, a Pavel y Vera). El reencuentro entre el hombre y la mujer, su conversión en amantes y su huida del hogar conyugal donde vive la segunda está narrada, asimismo, con un estilo sensorial y sensitivo, en el cual las imágenes, bellísimas, acaban imponiéndose sobre la propia lógica del relato, el cual acaba perdiendo toda su razón de ser en beneficio de otro “relato” no dramatúrgico, el que se desprende de la conjunción de esas imágenes; en el colmo de la osadía, el realizador Ivan Vyrypayev se va desprendiendo de la lógica narrativa habitual (o, si se prefiere, convencional) y no tiene miedo a la hora de concluir, a los 74 minutos de metraje, un relato en el que la poesía acaba imponiéndose sobre la prosa. Euforia es una extraordinaria película.    

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    El último testigo (The Parallax View, 1974), de Alan J. Pakula.- El pasado mes de febrero, la revista Dirigido por… dedicó un dossier al cine político made in USA, compuesto por un artículo y una serie de antologías sobre películas clave de este género, subgénero o variante genérica, llámese como se quiera; aunque se propuso en su momento, particularmente eché en falta entre las antologías una dedicada al film de Alan J. Pakula El último testigo (aparecía, a pesar de todo, expresamente mencionada en el artículo de introducción a cargo de Antonio José Navarro), que me parece una de las muestras más interesantes de esta temática, además de la mejor película de su irregular autor junto con Todos los hombres del presidente (All the President’s Men, 1976) y Llega un jinete libre y salvaje (Comes a Horseman, 1978). La trama de El último testigo, urdida por David Giler, Lorenzo Semple Jr. y, según parece, un no acreditado Robert Towne, a partir de una novela de Loren Singer, es un thriller de conspiración política (o de “conspiranoia”) que describe la investigación que lleva a cabo un solitario periodista, Joseph Frady (Warren Beatty), en torno al asesinato de un senador cuyas características se parecen, no por casualidad, a las que supuestamente envolvieron el asesinato de John Fitzgerald Kennedy, dado que la mayoría de testigos directos del magnicidio van muriendo en misteriosas circunstancias; al principio, el propio Frady se muestra escéptico ante la posibilidad de que exista una conspiración destinada a eliminar a los testigos directos del asesinato del senador, llevado a cabo según la “versión oficial” por un “loco solitario” (sic), pero a raíz de la muerte de una amiga suya, Lee Carter (Paula Prentiss), también periodista, que como él estuvo presente en aquellos dramáticos hechos y que inmediatamente antes de morir le hizo partícipe de sus sospechas y su temor a ser asimismo “eliminada”, Frady decide investigar por su cuenta. La película tiene, en este sentido, un tono fatalista nada despreciable y bastante arriesgado teniendo en cuenta que se trataba, a priori, de una producción comercial, pues como su mismo título español indica Frady es, de hecho, ese “último testigo” que conviene quitar de en medio para favorecer los oscuros intereses de una organización secreta directamente relacionada con el gobierno norteamericano. Por más que algunos detalles del proceso de investigación que lleva a cabo Frady están algo cogidos por los pelos en el guión (cuyo planteamiento, a pesar de todo, es más kafkiano y onírico que realista), y que la descripción del protagonista como un personaje solitario y desclasado resulta algo pobre (a lo cual no ayuda una poco convincente interpretación de Warren Beatty), El último testigo brilla a gran altura en sus momentos de suspense. Hay que destacar positivamente, en este sentido, la eficacia de la puesta en escena de Alan J. Pakula, sobria y sombría a partes iguales, dentro de la cual no falta la afición de este realizador a fotografiar sus ficciones en tonos muy oscuros (brillantemente servidos, como siempre, por el excelente operador Gordon Willis); secuencias como la pelea de Frady con el sheriff Wicker (Kelly Thordsen) a la orilla del río, acompañada en la pista de sonido únicamente con el estruendo del agua que es arrojada por el pantano y arrastra a ambos hombres, o el asesinato de George Hammond (Jim Davis) en el pabellón deportivo donde se está ensayando el discurso que va a pronunciar esa misma noche, hacen gala de un sentido de la composición visual insólitos hoy en día (no me resisto a dejar de señalar, dentro de la secuencia del asesinato de Hammond, ese plano general de larga duración en el cual vemos el pequeño vehículo conducido por este último, cuyo cadáver se ha desplomado sobre el volante tras haber sido tiroteado por la espalda, empujando siniestramente mesas y sillas sin control hasta detenerse).

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    La soledad (2007), de Jaime Rosales.- También he recuperado recientemente este celebrado film del director de Tiro en la cabeza (2008), y me ha producido la misma sensación que me produjo en su momento su ópera prima, Las horas del día (2003), o que me suscitan algunas propuestas de José Luís Guerín: que tanto este último como Rosales son cineastas a los que no les faltan ideas, pero las mismas no dan ni mucho menos para un largometraje. A falta de haber visto Tiro en la cabeza, todo se andará, La soledad reincide parcialmente en lo ensayado en Las horas del día; si en esta última se trataba de la visión, digamos, “cotidiana” sobre las vicisitudes de un asesino en serie (o, si se prefiere, de un hombre, sigamos diciendo, “normal” que, además, asesina…), La soledad gira a su vez sobre la visión “cotidiana” (mejor dicho: con pretensiones de cotidianeidad) de diversos personajes integrantes de una familia; aquí no hay un asesino, aunque uno de esos personajes será víctima directa de la violencia terrorista, en lo que parece un primer apunte de lo que luego Rosales desarrollaría en Tiro en la cabeza. El aspecto más llamativo (en realidad, el único) de La soledad consiste en su frecuente utilización de la técnica de la pantalla partida, que divide en dos el encuadre, de tal manera que a izquierda y derecha de la imagen se suceden paralelamente dos acciones separadas; la utilización de la misma admite, además, todo tipo de variantes: en ocasiones, la pantalla partida nos muestra dos espacios de un mismo escenario; en otras, se cubre con dos primeros planos de sendos personajes que están conversando, de tal manera que así conviven en el mismo encuadre el plano y el contraplano. No es la primera vez que se utiliza la pantalla partida, y no vamos a caer en la tentación de mencionar numerosos (y brillantes) ejemplos de su empleo a cargo de Brian De Palma. Hay que creer que su utilización en La soledad tiene un sentido; y, de hecho, lo tiene, pero el mismo aflora tan sólo en determinados instantes: pienso, sobre todo, en la escena en la que Adela (Sonia Almarcha) conversa con su ex pareja y padre de su bebé sobre el trágico fallecimiento de este último en el atentado del cual Adela sobrevivió; en este momento concreto, la utilización de la doble pantalla expresa bien la separación existente entre ambos personajes, mostrándolos a cada uno dentro de su propio “mundo”: su propio lado de la pantalla. Pero es una idea que, insisto, por sí sola no basta para justificar el interés de 125 minutos de un metraje más bien insulso y afectado (hay momentos en que la pretendida naturalidad de los intérpretes se revela falsa e impostada), quedándose en un mera filigrana formalista que busca justificar cierta distancia física y emocional en el retrato de sus personajes: el plano general acaba convirtiéndose, más que la pantalla partida, en la principal figura de estilo; hay que creer, asimismo, que con ello se pretende no caer en el sentimentalismo, pero ello acaba resultando tan forzado que al final en lo que se cae es en la rutina y el aburrimiento: véase, sin ir más lejos, la escena de la muerte de la madre (Petra Martínez), que resulta de lo más previsible. Precisamente otro momento afortunado del film consiste en una “ruptura” formal con esa planificación: la escena del atentado; vemos a Adela viajando en el autobús con su pequeño; la cámara está situada dentro del vehículo, en plano general; de repente, Rosales corta y por primera vez inserta otro plano general en el exterior para mostrar al autobús en el que viajan Adela y el niño y a un segundo autobús deteniéndose en la parada: antes de que el primer autobús estalle, esa alteración en la regularidad de la planificación ya ha advertido al espectador de que, efectivamente, “algo” va a ocurrir…

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    El desafío del búfalo blanco (The White Buffalo, 1977), de J. Lee Thompson.- Editada en DVD por la firma EuroCine Films, en una copia, por cierto, de poca calidad, El desafío del búfalo blanco es una pequeña rareza que supuso, si no estoy equivocado, la segunda colaboración del realizador británico J. Lee Thompson con el actor norteamericano Charles Bronson, tras El temerario Ives (St. Ives, 1976), dentro de una relación profesional que se prolongaría casi hasta el final de las carreras de ambos, un último tramo en el que Bronson vivió una notable revalorización como estrella a raíz del éxito a principios de los ochenta de la secuela de El justiciero de la ciudad (Death Wish, 1974), aquí titulada Yo soy la justicia (Death Wish II, 1982), ambas firmadas por otro británico, Michael Winner. Cuando califico El desafío del búfalo blanco como “pequeña” me refiero a sus resultados, dado que en el momento de su realización se trataba de una producción relativamente “grande”, esponsorizada por el italiano Dino De Laurentiis en la época en la cual produjo en los Estados Unidos títulos como el King Kong (ídem, 1976) de John Guillermin o el fallido Buffalo Bill y los indios (Buffalo Bill and the Indians, or Sitting Bull’s History Lesson, 1976) de Robert Altman; no por casualidad, el también italiano Carlo Rambaldi, uno de los creadores de los efectos especiales de esa misma versión de King Kong, asesoró la confección del animatronic del gigantesco búfalo blanco que aparece en este film. El film de Thompson es un híbrido entre el género del western, el cine de catástrofes y el “de monstruos”, variante temática animales salvajes, puesta de moda a raíz del colosal éxito del Tiburón (Jaws, 1975) de Steven Spielberg, respecto a la cual el propio De Laurentiis financió otro exponente, la nada despreciable Orca, la ballena asesina (Orca, 1977, Michael Anderson). A pesar de sus abundantes defectos –en parte acentuados, si cabe, por la mediocre calidad de la actual edición española en DVD—, El desafío del búfalo blanco merece siquiera una nota a pie de página dentro de la historia del western al plantear, a partir de una novela de Richard Sale adaptada al cine por su mismo autor, un curioso “encuentro en la cumbre” entre dos de los personajes históricos más legendarios dentro de la mitología del Salvaje Oeste: el pistolero Wild Bill Hickock (Bronson) y el jefe piel roja Caballo Loco (Will Sampson). La razón que les une no es la rivalidad (es bien sabido que Hickock era famoso por haber matado a muchos indios y Caballo Loco, por su parte, por su beligerancia contra los “rostros pálidos”), sino el deseo de acabar con un extraño enemigo común: un búfalo blanco de proporciones míticas que atormenta a Hickock por las noches, apareciéndose amenazador en sus pesadillas, y a Caballo Loco, que quiere vengarse del animal por haber irrumpido en el poblado de su tribu y haber matado, entre otros, a su propio hijo. Un detalle que refuerza el vínculo entre tan dispares, antagónicos asociados, reside en el hecho de que ambos ocultan sus verdaderos nombres porque sienten una mezcla de vergüenza y rabia hacia ese búfalo blanco, en el cual descargan sus obsesiones personales como si fueran inesperados émulos del capitán Achab en pos de su Moby Dick; Hickock se presenta bajo el nombre falso de James Otis, según dice para así pasar desapercibido entre sus muchos enemigos en un territorio cercano a aquél donde, se dice, vive el último gran búfalo blanco; asimismo, Caballo Loco se hace llamar Worm (gusano), y así quiere ser reconocido por lo menos hasta que acabe con el búfalo blanco; en ambos casos, lo que subyace es el hecho de que ninguno de los dos quiere reconocer, ni ante el mundo ni a sí mismos, que tienen miedo: que el búfalo blanco es algo que escapa por completo a su manera de ver las cosas. De ahí que, a pesar de su abuso de planos con teleobjetivo o de algunos feos encuadres tomados con ojo de pez (sobre todo, esos primeros planos del búfalo de marras), El desafío del búfalo blanco atesora a ratos una atmósfera fantástica, a medio camino entre lo legendario y lo terrorífico, que le proporciona cierta distinción. La resolución es, asimismo, sombría y poco complaciente, pues la aniquilación del animal no hace otra cosa que restituir el odio insalvable entre el pistolero blanco y el guerrero indio, quienes se separan como amigos pero también con la convicción de que, si vuelven a encontrarse, intentarán matarse el uno al otro.            

    Otro día, Gran Torino y Watchmen              

Comentarios

Muy curioso lo de la película de J. Lee Thompson, no la había visto pero Thompson tiene su gracia, a mi por lo menos, hasta cuando hizo "El templo del oro", para mi, lo mejor que ha hecho Chuck Norris en su vida y a la vista de las circunstancias, seguramente lo mejor que va haya hecho jamás y se que la película es muy, pero que muy poca cosa, pero es simpática y al menos no se toma en serio a si misma y eso se agradece.
La película de Pakula a mi me gusta mucho, de hecho creo que Alan J. Pakula es un director a reivindicar qu ha demostrado sobradas capacidades en películas tan complicadas como "Todos los hombres del presidente" o en producciones de encargo al servicio de Hollywood como "El informe pelícano", esta más desequilibrada desde luego, pero estimable a mi modo de ver. "Dobles parejas" me parece una pequeña joya y es de esas películas que si tuviera cuarenta años y estuviera filmada en blanco y negro estaría considerada un pequeño clásico.
La pena es que se despidiera con una película tan poco estimulante, a mi aprecer, como "La sombra del diablo". Además yo con Pakula tengo un vículo bastante trágico. El día de mi cumpleaños leí en el periódico que Pakula había muerto en un accidente de tráfico...¡Qué cosas!


He visto en Dirigido de este mes tu "clasificación" de asteriscos y sigo ligeramente pasmado con tus CINCO estrellas a Benjamín Button. ¿Cuantas darías a "El apartamento" o a "El crepúsculo de los dioses"? Quiero decir, ¿no debería haber un poco de proporción a la hora de dar a algo cinco estrellas? Es un juego, pero...
Saludos,
Tomás Serrano


La película Euforia habrá sido olvidada por el círculo de críticos que conoce. En el resto de la crítica internacional es una película muy conocida y valorada que además ha generado bastante polémica.


Respuestas para Tomás Serrano y Miguel.
Tomás: pues lo cierto es que soy consciente de que esas cinco estrellas supone poner el film de Fincher a la altura no ya de los clásicos de Billy Wilder que mencionas, sino, claro está, a la altura de otros clásicos; y asumo esa relevancia que puede tener dicha calificación, pues considero que la película de Fincher no desentona ni chirría al lado de otras obras maestras del cine; pero, como siempre digo y siempre diré, no es más que mi opinión, subjetiva, parcial y, por tanto, susceptible de estar equivocada. El tiempo dirá si me arrepiento o no de esas cinco estrellas, todavía es demasiado pronto para saberlo. Y que conste que, en "Dirigido por...", creo que soy de los que les cuesta más poner cinco estrellas a una película actual, es algo que precisamente no suelo hacer por esa misma razón: porque procuro tomármelo en serio (lo consiga o no, es otra cuestión...).
Miguel: pues realmente entre los críticos que yo conozco apenas se habla de "Euforia", y me alegra por tanto que tenga buena consideración a nivel internacional, porque como he explicado la "descubrí" hace poco y me parece excepcional. También comprendo que pueda disgustar o hasta generar odios, porque es una película radical y, además, orgullosa de serlo.
Un saludo para ambos,
Tomás.


Hola Tomás:

Todavía no he visto "El luchador", pero al leer que Rourke tiene aquí el papel de su vida, me ha hecho pensar en otra peli que protagonizó hace ya algunos años y que a mí me entusiasma, "Manhattan Sur". ¿Qué te parece este película? ¿La tienes fresca como para comentar algo sobre ella?

Muchas gracias y hasta luego.

Àngel


Buenas dias Tomas & Cia. Coincido con tu valoracion de "El ultimo testigo". A mi de Pakula tambien me gusta "Klute" que opinion te merece.
En lo de revindicar la carrera de Pakula me parece excesivo,verdad es Ramon que tiene buenas peliculas y algunas por ejemplo "Presunto Inocente" o la que tu citas de "Dobles parejas" se merecen mejor consideracion y por supuesto tiene 2 o 3 peliculas que sobresalen en su carrera, Pero yo pienso que tampoco tiene una carrera en general brillante si no bastante irregular(incluso sus peliculas mas apreciables son irregulares) . Considero que incluso en el pasado (70/80s) esteba algo sobrevalorado,eso no quita que sea un buen director, vamos esa es mi oponion.
Encuanto a "Benjamin Button"coincido con las 5 estrellas de Tomas.
Opino que el cine hay que valorarlo por su calidad (ya se que es algo subjetivo), y no por el año que este hecho.
Concido totalmente con Angel, a mi tambien me entusiasma "Manhattan Sur".

Un saludo muy atentamente:
David.


Vi "El luchador" hace un par de semanas y me supuso una gran decepción. No es que me pareciera mala pero la verdad es que de Aronofski me esperaba más. Me resulta chocante que te parezca su mejor película (como cuando la gente habla de Mar adentro como de lo mejor de Amenabar, siendo en mi opinión justo lo contrario).
Puede que sus otros films, sobre todo La fuente de la vida, pequen de cierta pretenciosidad, pero al menos destacan por su contenido (la historia en si) o por la forma en que se cuentan.
El luchador tiene momentos brillantes; la primera imagen con él sentado después de un combate en un sucio vestuario de polideportivo, el montaje en flashbacks del combate con la grapadora, el uso del sonido en su primer "combate" en la charcutería,...
No obstante no deja de ser una historia muy trillada de perdedor con amor imposible, problemas domésticos, familiares y económicos..., en definitiva, un telefilm de media tarde aunque, eso sí, dirigido por un tio muy competente e interpretado por dos actores que encajan en sus papeles como guantes.
www.elgranc.blogspot.com


No creo que de calificar una película con cinco estrellas se deba inferir su equiparación con películas como -por ejemplo- "M", por mucho que ambas queden englobadas bajo el calificativo de "obra maestra". No necesariamente al menos. Sería lo mismo que pensar que todas las películas se pueden clasificar en seis grupos (según el número de estrellas). Sería posible, obviamente, pero absurdo. A pesar de todo, recuerdo que incluso Harold Bloom llegó de alguna manera a reflexionar sobre el problema, al usar el término "obra maestra menor", o "clásico menor" como término evaluador.
En cuanto a "El luchador", creo que se ha puesto el énfasis en sus interpretaciones en demasía (no me estoy refieriendo a nada que se haya comentado en el blog; aclaro para evitar susceptibilidades). Creo que no era el único -aunque a lo mejor me vuelvo a llevar una sorpresa, como con "Cuscús"- en valorar el trabajo de Mickey Rourke en papeles que van desde "El borracho" a incluso pequeñas colaboraciones como en "El juramento", pero en este caso su actuación no me parece ni mucho menos lo más destacado.
De la película de Aranofsky me gustaría destacar especialmente una escena: la última que tiene lugar en la charcutería. Con anterioridad se dedican varios planos a su larga cabellera -algunos especialmente largos, como cuando se tiñe el pelo. Qué extraordinario momento cuando, después de horrorizar a todos los clientes tras haberse cortado la mano en medio de un bochornoso espectáculo, y mientras se marcha gritando, se quita el gorro mostrando de nuevo su melena y, de alguna manera, su naturaleza (mostrando un sentido de la ambigúedad digno de valorar, aunque se la acuse de falta de sutileza).


Buenas tardes a todos; hoy, respuestas variadas para todo el mundo:

Àngel: pues "Manhattan Sur" es, precisamente, una (otra) de mis interpretaciones favoritas de Mickey Rourke, y además una de las mejores películas de Michael Cimino, quizá para mi gusto no tanto como "El cazador", pero sí por encima de "La Puerta del Cielo" o "Un botín de 500.000 dólares", que también me gustan mucho. "Manhattan Sur" no me canso de verla; y, ahora que no nos oye nadie (je, je), debo confensar que cada vez que voy a comer a un restaurante chino, me viene a la memoria la extraordinaria secuencia de la matanza del film de Cimino en un local de ese tipo. La película de Cimino levantó cierta polvareda en su momento, a mi entender injusta, sobre el carácter "fascista" de su personaje protagonista, y merecería ser recordada como uno de los grandes "thrillers" del cine de los 80.

David Miranda: pues hace tiempo que no he vuelto a ver otros Pakula,s, como "Klute", "Presunto inocente" o "Dobles parejas", si bien recuerdo que me gustó bastante el primero, no tanto los otros dos; pero, insisto, al no tenerlos frescos en la memoria, prefiero no pronunciarme en rotundidad al respecto. Lo que sí está claro es que el paso del tiempo en muchas ocasiones nos hace reconsiderar películas o directores a los cuales no prestamos mucha atención en su momento y que al final acaban superando la prueba del tiempo.

Darkhalf: en efecto, por ahora "El luchador" me parece lo más convincente que hasta la fecha haya hecho Darren Aronofsky; comprendo que pueda parecer más convencional que sus anteriores trabajos, pero creo que el equilibrio entre intenciones y resultados está aquí más ajustado. La curiosidad que tengo ahora es ver qué va a hacer con ese "remake" de "RoboCop" que tiene planeado, habida cuenta lo bien que todavía se conserva el original de Paul Verhoeven.

Álvaro Pérez: estoy de acuerdo contigo que poner cinco estrellas a una película no supone, necesariamente, equipararla con otras que puedan tener, para el que suscribe, la misma calificación; lo que ocurre es que mucha gente da por hecho que esto es así, que comparas "...Benjamin Button" con, pongamos por caso, "El intendente Sansho" u "Ordet", por poner ejemplos contundentes, y no es exactamente eso, sino que afirmas que todas esas películas tienen un comparable nivel de excelencia cada una en sí misma considerada, pero no como resultado de una comparación estricta entre ellas; además, hay que tener muy claro que las estrellitas son tan sólo una convención, y que naturalmente no estamos hablando de matémáticas, sino de cine. Hay que tomárselo, por tanto, como un juego y no como un dogma de fe. Además, ¿qué haces entonces con esas películas que, por razones intrínsecamente personales, te gustan aun siendo consciente de que son malas, lo que se denomina "placeres culpables"? Lo dicho: sólo es una convención, nada más. Lo que dice Harold Bloom me parece muy respetable, y más teniendo en cuenta que se trata de un erudito que me gusta y al cual admiro mucho, pero creo que hasta él sabe que lo de las estrellitas, o las puntuaciones, es un mero juego donde no cabe todo lo que uno piensa. Por otro lado: sí señor, ese detalle que mencionas de "El luchador" es realmente acertado.

Un saludo para todos.
Tomás.


Hola a todos.

Tomás, quiero decirte que no puedo estar más de acuerdo contigo cuando le das las cinco estrellas a "”El curiosos caso de Benjamin Button”. No solo me parece, como ya dije en otra entrada de este blog, una película extraordinaria, sino que además es verdad que no le otorgas las cinco estrellas a cualquier película (al contrario que otros críticos, que parecen descubrir dos o tres obras maestras cada mes...).

Ya que aquí se están reivindicando las interpretaciones de Mickey Rourke me gustaría recordar dos de sus mejores trabajos, los dos bajo la dirección del gran Coppola: el chico de la moto en “La ley de la calle” y el extravagante gangster curiosamente apodado “El Púgil” en la espléndida “Legítima defensa” (film que pocos recuerdan y que a mi me parece una de las grandes películas de los 90; ya sé que esta afirmación parece exagerada...pero para mí no lo es).

Por cierto Tomás ¿has visto “Youth without youth”? A este paso ya se habrá estrenado la próxima de Coppola y aún no habremos visto ésta...

Para terminar una sugerencia: está muy bien leer estos comentarios que publicas sobre los últimos films vistos, pero personalmente disfruto mucho más leyendo tus análisis más extensos. Lo digo porque me gustaría que te extendieras un poco más hablando de otros estrenos como “Gran Torino”, siempre que tus compromisos laborales te lo permitan

Un cordial saludo.


Buenos días, Pedro:

Pues sí, sin duda alguna esos dos trabajos que mencionas de Mickey Rourke a las órdenes de Coppola también son meritorios, sobre todo el de "La ley de la calle". A mí "Legítima defensa" también me gusta, aunque quizá no la consideraría una de las mejores películas de los 90; suscribo lo que escribió en cierta ocasión José Mª Latorre al respecto: quizá no es la película de Coppola que uno querría ver de él, pero pocos realizadores de hoy en día serían capaces, partiendo del material del que lo hacía, de conseguir tanta intensidad y fuerza dramática.

Lamentablemente, no he visto todavía "Youth Without Youth", entre otras razones porque no me desplazo por el mundo del cine usando mulas u otros semovientes por el estilo (¡y que conste que no critico a quien lo haga!). Esperemos que llegue a nuestros lares ni que sea en DVD.

Barajo la idea de hacer comentarios más extensos de algunas películas, es el caso de "Gran Torino"; pero, claro, para eso necesito un poco de tiempo libre, cosa que no tengo tan a menudo como quisiera, de ahí que en ocasiones haya echado mano, ante la acumulación de estrenos (y, sobre todo, la ganas de escribir algo al respecto: recuerdo a todo el mundo que este blog lo hago como hobby), de la fórmula de reunir reseñas cortas de una tacada. También hablaré de "Watchmen", si bien me gustaría intentar darle un cierto enfoque tangencial, dado que una reseña mía sobre el film se publicará próximamente y no quiero que lo que escribo aquí se solape con lo que publico en papel, y viceversa.

Un abrazo,
Tomás.


Hola Tomás. Una curiosidad: ¿sigues practicando la abogacía o te dedicas sólo a la profesión de crítico? Gracias y un saludo


Ya que hablais de Mickey Rourke, ¿Qué os parece "El Corazón del Ángel"? la volví a ver la semana pasada después de 10 años y me sigue pareciendo una película extraordinaria, con ese final tan "Shyalamanero", sólo que 15 años antes, una sugerente puesta en escena que sostiene el clima terrorífico y misterioso, especialmente en la última media hora, y un Robert de Niro aterrador en su par de apariciones. Podría ser mi peli favorita de Rourke, fácilmente, al menos de su primera época, dado que también me ha encantado "El luchador".No obstante, me sigue gustando más, ya hablando de Aronofsky, "Réquiem por un sueño", cinta que, aún reconociéndole sus efectismos y artificios y una cierta aparatosidad narrativa, me parece fascinante.


@ Tomás:

Es que, sin duda Robocop es una de esas películas que no necesitan de un remake.
No recuerdo ningún otro film en que sea más innecesario, en 20 años seguirá viéndose en perfecto estado de revista.
Una de las tres mejores películas del director holandés.

@ Álvaro Pérez

Muy bueno el apunte que haces de la cabellera en esa secuencia, todo un león que agita la melena al volver a la selva tras un período enjaulado.


Hola amigos/as del cine,

Sobre el Luchador a mi me gustó bastante. Es bastante simple y previsible pero consigue motivarte durante un par de horas. Además creo que tiene el buen acierto de evitar el ascenso y caida típico, va a por faena enseguida y de forma bastante directa y honesta. Quizás lo que menos me gustó fue la cámara en mano todo el rato en la nuca del "Carnero".
Personalmente, La fuente de la vida si me gustó bastante aunque fuera un poco pretenciosa pero Requiem por un Sueño me pareció muy floja y nunca entendí porque tuvo tanto éxito. Sobre PI, es como Cabeza Borradora, deben ser obras maestras pero yo no tengo coj*** de acabar de verlas, me ponen de los nervios.

En cuanto al bueno de Mickey, si podeis, ver La ley de la Calle ("Rumble Fish"), a parte de que es muy buena, Mr. Rourke parece una mezcla de Brando y Newman. Viendo esa película se entiende porque lo encumbranron tan rápido. Siguiendo con Coppola, Youth withouth youth la compré en Londres, que ya la venden en DVD y todo y es muy recomendable. Extraña, impefecta, casi ilusoria pero vale mucho la pena. Lástima que aquí no la vayan a estrenar.

Watchmen me defraudó mucho. El comic hace muchos años que lo leí y siempreme ha parecido inconmensurable, genial, la obra de loco visionario. También dicen que el tal Snyder es un visionario. Una adaptación muy floja y totalmente innecesaria. Tan pocas ideas quedan? Ayer me enteré que también está al caer un remake de Star Trek, pero esto que es? Ya nadie tiene ideas????????


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