Calles de fuego (Streets of Fire, 1984), de Walter Hill.- Hace poco he revisado en DVD esta película de Walter Hill que, sin estar entre lo mejor de su director, me ha parecido mucho más curiosa de como la recordaba (téngase en cuenta que la primera y creo que hasta ahora única vez que la vi fue en el momento de su estreno en cines). A pesar de que su argumento roza la más completa nadería –el rescate de una estrella del rock, Ellen Aim (Diane Lane), secuestrada por una banda de motoristas liderada por Raven Shaddock (Willem Dafoe), que deben llevar a cabo el duro ex novio de la cantante, Tom Cody (Michael Paré), la actual pareja y mánager de la chica, Billy Fish (Rick Moranis) y una no menos dura ex mujer soldado que responde a la nada femenina denominación de McCoy (Amy Madigan)—, y de contar con un protagonista insoportable –el citado Paré, cuya carrera no tardó en derivar hacia producciones de segunda fila—, el conjunto resulta simpático, de puro delirante. Anunciada ya desde sus mismos créditos como “una fábula de rock & roll” (sic), la acción de Calles de fuego transcurre en una ciudad imaginaria (una Nueva York recreada en estudio) y en una época inconcreta entre los años 50 y la actualidad, lo cual explica la notable estilización visual del producto. Con abundancia de secuencias nocturnas que transcurren en calles solitarias de aceras mojadas sobre las cuales destellan luces de neón de variados colores, Calles de fuego retoma, por un lado, la estructura narrativa de una de las más famosas películas de Hill, The Warriors (Los amos de la noche) (The Warriors, 1979), en lo que concierne a la huida nocturna de los héroes tras el rescate de la cantante; por otro, está considerada –no sin razón— una de las primeras producciones cinematográficas de Hollywood que experimentó con el lenguaje del videoclip, algo que se hace patente en las escenas de las actuaciones musicales de Ellen Aim a ritmo de Jim Steinman. El resultado, insisto, no está completamente conseguido, en gran medida por culpa de la pobreza de personajes y situaciones, y comprendo que pueda disgustar o decepcionar, pero aún así hace gala de un vigor y una personalidad que se echan en falta en el Hollywood de hoy en día.
Valkiria (Valkyrie, 2008), de Bryan Singer.- Una vez más, me ha vuelto a ocurrir: casi todo el mundo me ha estado lanzando pestes contra la nueva película de Bryan Singer (que si aburrida, que si no se entiende porqué los conspiradores quieren asesinar a Hitler, que si hacer un film de suspense con un hecho histórico que todo el mundo sabe cómo acabó es ridículo, etc., etc.). Una vez vista, y sin la menor pretensión por mi parte de ir a contracorriente, me ha parecido una película cuanto menos interesante. Vaya por delante que no creo que sea un gran film y que le reconozco defectos, entre ellos un exceso de frialdad expositiva; además, y esto casi siempre suele condicionar el resultado de una película de sus características, se nota que nos hallamos ante una producción hecha a mayor honra y gloria de Tom Cruise (por otro lado aquí muy correcto como actor, si bien una vez más anulado por los excelentes compañeros de reparto de los que se empeña en rodearse y que le eclipsan con facilidad). A pesar de todo ello, Valkiria me ha parecido un encargo asumido por Bryan Singer con honestidad y sentido del oficio. Más que la descripción de hechos que lleva a cabo el realizador en torno al famoso intento de golpe de estado contra Adolf Hitler por medio de un atentado con bomba, conocido como Operación Valkiria –ya presente en films alemanes como el recientemente editado en DVD Sucedió el 20 de Julio (Es geschach am 20. Juli, 1955), de Georg Wilhelm Pabst, o el telefilm Stauffenberg (Jo Baier, 2004), editado en DVD como Operación Valkiria y emitido por Antena 3 como Valkiria—, lo que me ha llamado la atención del relato, filmado y resuelto de una manera, digamos, “clásica” (por otra parte, algo nada raro en un realizador que, a pesar de su aureola de “moderno”, siempre me ha parecido extrañamente elegante para los tiempos que corren), es su sentido del detalle. Explicado a grandes rasgos, Valkiria, versión Bryan Singer, vendría a ser un pedazo de Historia, objetivo, en medio del cual aparecen “fugas” subjetivas que se esfuerzan en profundizar –con mejor o peor fortuna— en el perfil humano de los personajes. Eso justificaría que el “clasicismo” (comillas bien grandes) de la puesta en escena se vea a ratos perturbado por la inserción de gestos y miradas que sugieren la existencia de algo soterrado, agazapado bajo la aparente “lección de Historia” que se nos pretende contar. Hay, en primer lugar, un curioso juego dramático con el ojo izquierdo de Stauffenberg (Cruise), el órgano que perderá como consecuencia de sus heridas en combate en el norte de África: se inserta un primer plano del mismo mientras el protagonista expresa en su diario su rechazo hacia Hitler; luego, Stauffenberg tiene una entrevista secreta con Fellgiebel (Eddie Izzard) en los lavabos, a la cual le ha convocado… mezclando su ojo de cristal con los cubitos de hielo de su copa (sic); en su primera entrevista con Hitler (David Bamber) para que le firme la nueva versión de la Operación Valkiria, Stauffenberg usa ese ojo de cristal; al final, durante el intento de asesinato en la Guarida del Lobo, cruzará su mirada con la del dictador sin esa prótesis, con su único ojo sano y el otro cubierto con el parche (yendo más lejos, la única vez que vemos el ojo mutilado del protagonista es en un espejo, mientras se está afeitando poco antes de viajar a la Guarida del Lobo: Stauffenberg se hace un pequeño corte en el cuello, que mancha de sangre el de su camisa, lo cual será la excusa para pedir una habitación privada donde conectar la bomba que lleva en el maletín). Esta clase de detalles también aparecen en relación a los demás personajes o en determinadas situaciones, lo cual confiere una lograda fuerza dramática al conjunto: Brandt (Tom Hollander) depositando con brusquedad sobre la mesa la caja con la botella de licor (y, dentro, otra bomba) que ha preparado Tresckow (Kenneth Branagh); Fromm (Tom Wilkinson) desconectando el cable del teléfono en el momento en que comprende que Stauffenberg y Olbricht (Bill Nighy) le están sugiriendo su participación en un golpe de estado; en particular, ese gran momento en que Fromm obliga a Stauffenberg a hacer el saludo nazi y este último lo lleva a cabo mostrando el muñón en el que termina su brazo derecho… Hay al respecto un par de apuntes sofisticados: el plano general de la iglesia sin techo (probablemente, por efecto de un bombardeo aliado) que cierra la secuencia de la entrevista secreta que ha tenido lugar allí entre Stauffenberg y Tresckow; y el poético flashback en el cual Stauffenberg, en el avión que le conduce a la Guarida del Lobo la mañana del atentado, rememora la despedida de su esposa Nina (Carice van Houten) en la calle: Singer mantiene el sonido del avión en vuelo, sin música, haciendo así más íntimo y emotivo el recuerdo del personaje; puede que su reiteración final sea innecesaria, pero resulta coherente con el tono general del relato.
El desafío: Frost contra Nixon (Frost/Nixon, 2008), de Ron Howard.- También me ha decepcionado un poco el último trabajo del firmante de Una mente maravillosa (A Beautiful Mind, 2001), quizá porque las primeras impresiones auguraban que nos hallábamos ante la mejor película de su realizador, el cual a pesar de la tónica generalmente discreta, cuando no mediocre, de su filmografía tiene para mi gusto un par de títulos dignos de estima: el interesante western Desapariciones (The Missing, 2003), injustamente menospreciado por el mero hecho de venir firmado por Howard, y la correcta aunque excesivamente convencional Cinderella Man (ídem, 2005), respecto a la cual me remito al comentario que he escrito para el portal Cine Archivo, y que está previsto que se publique a partir de este 15 de febrero de 2009. El desafío: Frost contra Nixon es un film no menos digno que los mencionados y que se sitúa, rápida y un tanto fácilmente entre lo más interesante de Howard, por más que para mi gusto la película no termine de colmar todas las posibilidades del texto del que parte, una obra de teatro original de Peter Morgan adaptada al cine por su mismo autor. Al contrario que La duda, que comento en otro lugar de este blog, El desafío: Frost contra Nixon busca rehuir su origen teatral y lucha con tal de erigirse en un film con autonomía cinematográfica propia. Ello, en teoría respetable, da pie en la práctica a una película a la cual se le nota demasiado este esfuerzo antiteatral, sobre todo por mediación de una serie de (falsos) insertos documentales en los cuales asistimos a las declaraciones, en tiempo supuestamente actual, de diversos personajes que estuvieron relacionados en la entrevista televisiva real que el periodista británico David Frost (Michael Sheen) logró concertar con el ex presidente de los Estados Unidos Richard Nixon (Frank Langella) en 1976, tan sólo dos años después de que el mandatario se viera obligado a dimitir de su cargo para eludir un proceso judicial por su implicación en el famoso caso Watergate. Por otro lado, esa inserción de declaraciones de diversos personajes –como el asesor de Nixon Jack Brennan (Kevin Bacon) y los tres colaboradores de Frost, James Reston (Sam Rockwell), John Birt (Angus Macfadyen) y Bob Zelnick (Oliver Platt)— está resuelta, asimismo, convencionalmente, dando a entender una vez que Howard es de esos cineastas que, cada vez que se acercan a un género codificado, lo hacen aplicando las reglas del manual y sin molestarse en intentar hacer con ellas algo diferente: El desafío: Frost contra Nixon es una aproximación por parte de Ron Howard tan formularia e impersonal al, digamos, “thriller político” como Willow (ídem, 1988) lo fue a la fantasía heroica, Llamaradas (Backdraft, 1991) al cine de catástrofes, Un horizonte muy lejano (Far and Away, 1992) al western, Rescate (Ransom, 1996) al thriller policíaco o Cinderella Man al “melodrama pugilístico”: actos de pleitesía a las convenciones de cada uno de esos géneros. El resultado, a pesar de todo, no es desagradable y tiene buenos momentos, en gran medida gracias a sus magníficos actores.
Slumdog Millionaire. ¿Quién quiere ser millonario? (Slumdog Millionaire, 2008), de Danny Boyle.- Hay veces que, ante películas como ésta, precedidas de tanta fama, tantos premios y tantos, tantísimos elogios, no tengo más remedio que cuestionarme seriamente mi salud mental, dado que este último film de Danny Boyle me ha parecido un engendro de campeonato. Este realizador de Manchester nunca ha sido santo de mi devoción; con las excepciones, relativas, de su ópera prima, Tumba abierta (Shallow Grave, 1995), de su divertidísimo telefilm Strumpet (2001) y de la hasta cierto punto simpática Millones (Millions, 2004, otra de niños y dinero…), nada de lo que le he visto me ha impresionado particularmente –28 días después (28 Days Later…, 2002), Sunshine (ídem, 207)—, cuando no me ha aburrido profundamente –Trainspotting (ídem, 1996), Una historia diferente (A Life Less Ordinary, 1997), La playa (The Beach, 2000)—… Slumdog Millionaire me parece, y lo digo sinceramente, una “película de temporada”, que puede producir (y, por lo visto, está produciendo) un gran impacto en el momento en que se ve, pero que se olvida con facilidad. Una fotografía llamativa que no es más que puro fuego de artificio, un esteticismo vulgar, y un montaje corto, cortísimo, que va dando pinceladas de aquí y de allá pero que impide que nada, absolutamente nada, quede prendido en el ánimo del espectador, son los rasgos más destacados de un relato que, a falta de conocer la novela de Vikas Swarup en la que se inspira, hace gala además de un guión simplón y sin matices, particularmente ridículo en sus tramos finales (los cuales, en atención a quienes todavía no hayan visto el film, me abstendré de comentar). Lo peor, lo más irritante del mismo, es que a ratos parece que realmente pretende ser una película, digamos, “seria”, cuando en la práctica todo lo que muestra es o bien efectista, o bien simplemente decorativo: hasta las montañas de basura donde los famélicos niños de Mumbai buscan algo que comer resultan “bonitas”, lo cual no puede ser más vergonzoso. En mi opinión, un film muy, muy mediocre.
Comentarios
Hola Tomàs
Muy de acuerdo contigo por lo que respecta a tus apreciaciones sobre “La duda”: Bien los actores, brillante el texto (aunque tal vez no tanto como creen sus responsables) y sencilla y eficaz la puesta en escena de Shanley. A los momentos que destacas yo añadiría la escena de presentación del personaje de Streep durante el primer sermón: Shanley, al contrario de con los demás asistentes, la encuadra sentada en las últimas filas de la Iglesia de espaldas, no tan atenta al sermón como a la atención que se le dispensa. Sin que todavía le veamos el rostro, se levanta y recorre lentamente el pasillo reprimiendo a los alumnos distraídos. Una buena manera de introducir al personaje en una película que con cierto aroma a antigua, “a lo William Wyler” que se acrecienta con la interpretación de los actores (especialmente de la excelente Amy Adams) .
Nada que añadir respecto al film de Fincher, acaso compartir mi admiración por la que es, junto con “The Wrestler”, el mejor film que he visto en lo que llevamos de 2009. No me extraña que le dedicarais tanto espacio en “Dirigido por...”.
Poco a decir también de la película de Ron Howard, cuyo cine, con la excepción de ese extraño western que era “Desapariciones” nunca me ha interesado.
De “Valkyria”, lo siento, pero a mi me dejó más bien frío. Es verdad que Singer firma con elegancia y claridad, siempre lo ha hecho, pero la película carece del dramatismo que tan infructuosamente busca y su escenas de “suspense” me parecieron bastante forzadas (véase al respecto, la secuencia en la que Branagh se dispone al recuperar la botella-bomba: Singer fuerza la gestualidad de los actores para crear una situación de falso suspense construida con el objetivo de hacer creer al espectador que los planes de Branagh han sido descubiertos). De ella destacaría la secuencia en la que Cruise, refugiado con su familia en el sótano de su casa durante un bombardeo, y con la música de Wagner de fondo sonoro, toma conciencia de su plan. Tal vez sea exagerada y poco verosímil pero Singer, a través de la puesta en escena, le confiere una notable fuerza.
He dejado para el final a “Slumdog Millionaire”, que tuve ocasión de ver este viernes, y que supongo será el film que despertará más polémica. Por lo que a mi respecta decir que no me ha parecido tan mala como a ti (aunque ni mucho menos tan estimulante como a Antonio José Navarro, visto el comentario que le dedica en el último “Dirigido por..). Estoy de acuerdo en que la puesta en escena de Boyle es tan efectista y confusa como casi siempre en este señor (supongo que es por lo que quiere ser recordado) pero, a falta de leer la novela en la que se basa, creo que el relato en su primera hora funciona razonablemente bien: La idea de que Jamal conozca las respuestas a las diversas preguntas que se le plantean en el concurso a partir de su propia, y traumática, experiencia personal está planteada con ingenio como también lo están los prejuicios que inicialmente despierta, debido a sus orígenes, en el repelente presentador del concurso, que los utiliza como objeto de burla, y en los policías que lo interrogan (un momento impagable es aquel en que ante la pregunta de éstos de que como es posible que no conozca la respuesta a una pregunta que “hasta mi hija de cinco años sabría”, Jamal les responde poniendo en su conocimiento la identidad del autor de un hurto cometido en el barrio en “donde hasta los niños de cinco años sabían quien lo había cometido”), hay también un bonita transición visual cuando los dos hermanos saltan del tren en marcha apareciendo años después ante un Taj Majal cubierto por la niebla y un par de escenas planteadas con cierta dureza -la de la mutilación de los niños para convertirlos en mendigos y la de la violación, dada en off, de Latika por parte de Salim -. No obstante la segunda mitad de la película, más o menos a partir de que Jamal ya crecidito se reencuentra con su hermano y con Latika, no hay por donde cogerla: La historia de amor y la descripción del “gangster” local para el que trabaja Salim son ridículas de puro convencionales; la toma de conciencia de Salim es inverosímil; y ¿qué decir del personaje del presentador que se nos revela como un vanidoso tramposo?. Lo peor de todo es que en esta segunda mitad queda al descubierto todo el artificio del que hace gala Boyle: Sin un buen relato al que acogerse su puesta en escena se nos descubre tan hueca y gratuita como la secuencia musical con la que pone punto y final a la historia.
Saludos y perdona por la extensión.
Muy grande esa "Calles de Fuego", ¡si señor! en mi opinión un delirio muy superior a la sobrevaloradísima "The Warriors", a la que nunca le pillé el punto. De Walter Hill también me gustó mucho "The Last Man", aquella especie de Western con Bruce Willis y Christopher Walken. De todas formas, me interesa opinar sobre Frost/Nixon: Ron Howard siempre me ha parecido un inútil, ni siquiera sus películas más reputadas ("Apolo 13", "Una mente maravillosa") me parecen nada del otro mundo. Pero he de decir que he quedado absolutamente fascinado con la cinta que narra los enfrentamientos entre el periodista inglés y Nixon. Las interpretaciones son de lo mejor que he visto en mucho tiempo, las entrevistas tienen fuerza y la puesta en escena, en mi opinión al contrario que en "La Duda", se adapta a, valga la redundancia, la adaptación al cine del texto teatral. En "La duda", sin embargo, donde todos ven funcionalidad, yo veo cobardía, o, si se quiere, ir a lo seguro y por tanto, lo fácil. En mi opinión requería de una puesta en escena con más garra (la misma que le echan Meryl Streep y Phillip Seymour Hoffman a sus papeles) y eso es lo que la priva de ser una cinta extraordinaria.
No he visto Slumdog Millionaire, pero me pone nervioso la irregularidad y el sensacionalismo visual de Danny Boyle, que echaban por tierra propuestas tan interesantes como las que ofrecían los guiones de "La playa" o "Sunshine" (ésta última me gustó, a pesar de Boyle).
Insisto, como aficionado al cine y estudiante de periodismo,he quedado bastante satisfecho con Frost/Nixon, en mi opinión la mejor cinta de las que optan a los Oscars junto con "El curioso caso de Benjamin Button", de mi adorado David Fincher.
Hola Tomás:
Aunque "Calles de fuego" no sea de mis favoritas de Walter Hill (realmente, por los defectos que tú resaltas), me alegra que alguien se acuerde de este director, de quien me gustan mucho películas como "Driver", "La presa" o "Forajidos de leyenda". Lástima que con los años, Hill haya perdido el fuelle de sus comienzos.
Un saludo.
Àngel
Buenos días a todos:
Gracias, Lluís, por tus siempre interesantes comentarios, y no te preocupes por el tema de la extensión. Es curiosa la mención que haces sobre William Wyler respecto a "La duda", porque hace unos días un colega me comentaba que el film de John Patrick Shanley le había parecido una mezcla de "Agnes de Dios", de Norman Jewison, y un par de películas de Wyler basadas en un mismo texto: "Esos tres" y "La calumnia". También comparto que, por ahora, lo mejor de Ron Howard me sigue pareciendo "Desapariciones", un film que ha ido siendo reivindicado poco a poco, si bien reconozco que "El desafío: Frost contra Nixon" como mínimo me interesó, si bien sin apasionarme; además, es una película que podría ser de Ron Howard como de cualquier otro. Discrepamos respecto a "Valkiria", aunque coincidimos quizá en un punto: su frialdad narrativa, que puede resultar atractiva, como en mi caso, o repelente. Reconozco, asimismo, esos apuntes de interés de "Slumdog Millionaire", pero el conjunto me dejó tan "chafado" que no me compensan todo lo demás, en lo cual estamos también bastante de acuerdo.
Como podéis ver, Carlos y Ángel, no sois los únicos que os acordáis del bueno de Walter Hill, uno de los realizadores más interesantes del cine USA de finales de los setenta y todos los ochenta, a pesar de cierta irregularidad (lógica, creo, en un hombre que hizo muchas películas y muy seguidas en más bien poco tiempo; quizá por eso "se quemó" prematuramente). No estamos de acuerdo, Carlos, en el tema de la puesta en escena de "La duda", que quizá no es arriesgada, cierto, pero creo que atesora una sutileza rara de ver hoy en día. Vuelvo a insistir en que el film de Howard no me disgusta, pero en su conjunto me pareció por debajo de lo que prometía. Pese a todo, si todas sus siguientes películas fuesen así, yo ya firmo... En lo que coincidimos todos es en los méritos del último David Fincher, un cineasta que por ahora ha demostrado que podía crecer e ir a más. Y que le cunda.
Un saludo,
Tomás.
Hola Tomás
Aprovechando que has hablado sobre Walter Hill y el resurgir de Mickey Rourke con el estreno inminente de The Wrestler,tengo por aqui pendiente "Johnny el Guapo" y me gustaria saber que opinas de ella.
Gracias.
Un saludo.
Buenas tardes, Borja:
Pues vi "Johnny el Guapo" en el momento de su estreno y no he vuelto a revisarla desde entonces; por lo que recuerdo de ella, se trata de uno de los trabajos de calidad media de Walter Hill, no de los mejores pero tampoco de los peores, y sobre todo muy en su línea habitual. Creo recordar, asimismo, que hacía gala de muy buenos actores, empezando por el propio Rourke y magníficos secundarios (Ellen Barkin, Lance Henriksen), y, como siempre en Hill, momentos de acción muy bien rodados. Quizá, en el saldo de lo negativo, algunos de los personajes, sobre todo los de los villanos, algo convencionales.
Hasta otra,
Tomás.
Hola Tomás: he visto Slumdog Millonaire, y no podría tener una labor peor de puesta en escena. Casi todo en ese film aturde.
Y he visto "The reader", de la que no me esperaba mucho, y me ha gustado, sobre todo porque está bien dirigida. Seguramente pase más desapercibida para la crítica por ser más "académica"(término que no me parece demasiado adecuado en este caso).
Saludos.
Álvaro.
Narrativamente supongo que Valkiria es interesante por cómo se usan detalles como los del ojo, el muñón, los diversos maletines, etc. A mí, no obstante, lo que más me llamó la atención de la película es hasta qué punto aparecen edulcorados los personajes nazis, tanto es así que cualquiera de los protagonistas podría estar sacado del cine de heroísmo bélico hollywoodiense de los 40. Creo que una cosa es intentar hacer la película más aceptable para los espectadores biempensantes y otra cosa es presentar a unos nazis que odian a Hitler, reniegan de su ejército, quieren dar fin a la guerra hasta el punto de parecer pacifistas, están más preocupados por el destino del resto del mundo que por el de su propio país (a juzgar por sus discursos)...mientras veía la película no podía evitar preguntarme -cada dos minutos- cómo era posible que esos señores hubiesen llegado a ser oficiales del Tercer Reich. En este caso, los personajes resultan tan ajenos a ese escenario, tan postizos, como los propios actores escogidos, muchos de ellos británicos o estadounidenses (y el resto, alemanes que hablan en inglés).
Con respecto a los Oscar, estoy de acuerdo en general. La de Fincher es la mejor, Milk se queda en tierra de nadie entre la comercialiad y la autoritis, Frost/Nixon es algo mejor de lo que cabría esperar viniendo de alguien como Ron Howard, y El lector y sobre todo Slumdog Millionaire son muy pobres.
Hola. Ya he visto Slumdog Millionaire y totalmente de acuerdo, es un peñazo que no me creo: ¿en la India realizan en directo el concurso? La historia de amor es muy boba también y la de violencia, barata a más no poder.
He visto una obra maestra: Gran Torino. Seguro que coincides.
Por último una sugerencia: dejar un hueco para comentar clásicos. Me gustaría conocer tu opinión sobre "Los profesionales" de Richard Brooks, una película que creo muy pasada ya, muy cansina, en la que hay que estar continuamente haciendo esfuerzos para creer lo que se ve y de la que solo salvaría los brillantes diálogos.
Hola a todos,
Ayer hubo Oscars. Diría que casi todos los aficionados al cine somos conscientes que Oscar y calidad cinematográfica ya hace tiempo que van por sendas muy diferentes pero por predecible no resulta menos decepcionante, en mi muy subjetiva opinión, la cantidad de premios que se ha llevado Kamal el repartidor de te y sus coleguitas.
Personalmente, es un película que me fue llevando progresivamente hasta el cabreo y a salir del cine acordándome de los familiares del director (con todo respeto y humor lo digo) y que ha acabado de confirmar mi opinión sobre Danny Boyle y su propensión a hacer películas para adolescentes.
Creo que ahora le toca el turno a The Wrestler. Espero recuperar con ella la lírica del perdedor que también nos enseño Huston en Fat City.
Para mi "The wrestler" está bien, excepcional Mickey Rourke, muy bien contada (lo cual tiene mérito, claro), pero está ya un poco visto el tema de tal manera que ya te la sabes a los diez minutos.
Para mí Slumdog Milloinaire es un juego fácil, las preguntas del concurso están metidas con calzador y frenaban el de por sí lento ritmo del relato. Imágenes bonitas sí, pero no es difícil, cualquier turista de calcetín blanco saca una foto en India y capta una luz especial...
En fin, una especie de Aladdin inflado, con malos actores y digno de domingo tarde con niños.
Y si la tarde del domingo se nos hace corta, podemos ver también The Wrestler. Es entretenida sí, pero más tópica que ninguna otra, y siendo el director quien es, es lo peor que se le puede decir a un adalid de la "originalidad" como es Aronofski.