APUNTES SOBRE ÚLTIMOS FILMS VISTOS, 1ª PARTE (FEBRER0 2009)

La acumulación de estrenos de interés en salas a lo largo de estas últimas semanas, típica de este primer bimestre del año a causa de los premios Oscar y el Festival de Cine de Berlín, me ha aconsejado dedicar una entrada general a diversas películas que he visto recientemente en cine (así como en televisión y DVD) y sobre las cuales quisiera apuntar ni que fuera unas pocas líneas. Dado que esta entrada me ha quedado algo larga, y para no hacer farragosa su lectura, la he subdividido a su vez en dos partes.

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    Revolutionary Road (ídem, 2008), de Sam Mendes.- El último trabajo del director de American Beauty, Camino a la perdición y Jarhead, el infierno espera me ha decepcionado considerablemente. Basada en una prestigiosa novela de Richard Yates, Vía revolucionaria es el título de su edición en castellano, que no he tenido el gusto de leer (de ahí que me remita al interesante comentario que hace al respecto Lluís Vilanova en Cine Archivo: http://www.cinearchivo.com/site/fichaLibro.asp?IdRubText=3865), la película del británico, formalmente tan pulcra como tiene por costumbre, lleva a cabo un esforzado pero insuficiente dibujo de personajes en el cual falla, para mi gusto, la pobre descripción de su entorno, la América de mediados de la década de los cincuenta, el cual determina mucho las circunstancias de la pareja protagonista, de ahí que la crisis matrimonial entre Frank (Leonardo DiCaprio) y April Wheeler (Kate Winslet) devenga, a grandes rasgos, una simple discrepancia entre el primero, un hombre pragmático y sin complicaciones, y la segunda, una mujer soñadora e idealista convencida de que irse a vivir a París solucionará sus inquietudes personales. La descripción de la rutina laboral de Frank y del quehacer cotidiano como ama de casa de April no tienen la suficiente fuerza como para justificar por sí solos un melodrama existencial de trágica resolución en el que constantemente se tiene la sensación de que falta algo, a pesar de los apuntes diseminados aquí y allá, la entregada labor de los actores o la presencia de un personaje secundario, el demente John Givings (Michael Shannon), que pretende erigirse en la voz de la lucidez y la mala conciencia de los personajes. Revolutionary Road es, como le comentaba hace poco a un buen amigo, como un Bergman sin Bergman, o peor aún, una mala imitación del maestro sueco.

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    Mamá sangrienta (Bloody Mama, 1970), de Roger Corman.- Hacía tiempo que no había vuelto a ver esta pintoresca película, uno de los últimos trabajos de Corman como realizador poco antes de firmar El barón rojo (Von Richtofen and Brown, 1971) y llevar a cabo un largo paréntesis como director hasta Frankenstein Unbound (1990), su insuficiente lectura del excelente Frankenstein desencadenado de Brian Aldiss. Si no me equivoco, Mamá sangrienta acaba de ser editada en DVD aunque yo la he revisado en una copia –bastante deficiente, por cierto— que emitió hace algunas semanas Barcelona TV. No es uno de los mejores trabajos de Corman –está lejos de los aciertos de su famosa serie Edgar Allan Poe/Vincent Price o del que probablemente es su mejor film, La matanza del día de San Valentín (The St. Valentine’s Day Massacre, 1967)—, pero resulta francamente curioso de ver hoy en día, sobre todo por su estimulante “incorrección política”: el retrato que ofrece de Kate “Ma” Baker (Shelley Winters) y la banda de atracadores de la América de la Depresión que formaba junto con sus cuatro hijos varones no puede ser más feroz y subversivo. Al principio del relato, la pequeña Baker es violada por su propio padre con la ayuda de sus hermanos (sic); una vez adulta, “Ma” se lanza a una carrera criminal marcada por una insaciable sed de riqueza y poder, y sobre todo por una enfermiza voracidad sexual que la lleva a practicar de manera regular el incesto con sus propios hijos. Los cuatro son auténtica “piezas”, pero destacan en particular tres: Herman, el mayor (Don Stroud), un psicópata violento que asesina impulsivamente; Fred (Robert Walden), un homosexual que descubre las delicias del masoquismo en una estancia en prisión gracias a la persona que, a partir de ese momento, será su compañero sentimental y de andanzas criminales, Kevin Dirkman (Bruce Dern); y Lloyd (un juvenil Robert De Niro), un drogadicto que acabará falleciendo de sobredosis. Este cuadro humano, unido al estilo abrupto y un tanto agresivo de Corman, convierte Mamá sangrienta en un film coherentemente feo, dislocado, amoral y compulsivo, a ratos hasta incómodo de ver. Es una pena, empero, que Corman –quien pocas veces se distinguió por ser un refinado estilista— desaproveche el material que se trae entre manos a causa de su efectismo, ya que la película podría haber sido más, mucho más de lo que es (sobre todo contando con la entusiasta labor, espléndida y sin prejuicios, de dos intérpretes tan excelentes como Shelley Winters y Don Stroud).

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    Los cronocrímenes (2007), de Nacho Vigalondo.- Recientemente he “repescado” en DVD esta celebrada ópera prima del hasta hace poco cortometrajista Nacho Vigalondo, y la decepción no ha podido ser mayor. Una buena premisa de guión no es suficiente para sostener el interés de un relato en el cual, más allá de la ingeniosa mecánica de la trama (que, por lo demás, también se agota antes de finalizar el metraje), una planificación más o menos correcta (aunque muy convencional) y un montaje habilidoso (pero que no termina de jugar con el punto de vista con toda la fuerza que sería de desear), no tiene absolutamente nada. De acuerdo que, como debut, se sitúa por encima de la media del actual cine español (media nacional que, ahora mismo, está casi a ras del suelo); que Vigalondo demuestra que tiene ganas de hacer cosas diferentes a lo que se hace aquí, lo cual es de agradecer; y que, como siempre, Karra Elejalde le echa grandes dosis de profesionalidad a un personaje que, si no fuera por él, sería, tal y como se lo presenta en el guión, literalmente inexistente. Pero eso no es suficiente para compensar un film que se mira como lo que es, un juego chocante e incluso divertido en sus mejores momentos; funciona bien el arranque (algo lógico, habida cuenta que el espectador todavía está desinformado por el meollo del asunto); y la resolución, con esa espectacular aunque hueca panorámica final con grúa, es efectiva. En cambio, todo lo relacionado con el personaje que interpreta Bárbara Goenaga es lo más ridículo que he visto en mucho tiempo en una pantalla de cine, de tan cogido por los pelos que está (en particular, el penoso juego con la camiseta, dicho sea con el debido respeto a las tetas de la actriz). Habrá que esperar al siguiente trabajo de Vigalondo para conocer la medida de su talento, a no ser que volvamos a caer en el “síndrome Orson Welles” y vayamos viendo supuestas genialidades en primeras películas hechas con ahínco.

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    La duda (Doubt, 2008), de John Patrick Shanley.- Contra todo pronóstico, la segunda película del dramaturgo y guionista John Patrick Shanley, después de su debut con esa ya algo lejana (y simpática, de puro estrafalaria) comedia titulada Joe contra el volcán (Joe Versus the Volcano, 1990), es una obra harto interesante, mucho mejor de lo que se ha dicho de ella. La duda es uno de esos films que, por regla general y salvo honrosas excepciones, la crítica suele despachar en función de sus elementos más aparentes, aquellos que saltan a simple vista: la solidez del guión de Shanley, basado a su vez en su propia y muy exitosa obra de teatro, y la superlativa labor de sus cuatro principales intérpretes –Meryl Streep, Philip Seymour Hoffman, Amy Adams y Viola Davis—, en el momento de escribir estas líneas (a mediados de febrero de 2009) todos ellos finalistas al premio Oscar. Cierto: el texto, en sí mismo considerado, es muy bueno. Verdad: los actores están extraordinarios. Pero, sin menospreciar esos elementos, lo que a mí particularmente me interesa de La duda es la labor de puesta en escena de John Patrick Shanley, quien aquí demuestra ser un inteligente profesional, que a pesar de su larga trayectoria como dramaturgo parece tener claras las diferencias entre teatro y cine, y que sin renunciar a los orígenes teatrales de su texto sabe hacer, a partir del mismo, cine. Dicho de otro modo, La duda no es teatro filmado, sino una película que maneja elementos teatrales con resultados cinematográficos. Llaman la atención, en este sentido, determinados detalles de puesta en escena que expresan visualmente el conflicto de intereses y maneras de entender no ya la religión sino incluso la vida misma que se entabla entre el padre Flynn (Philip Seymour Hoffman), un sacerdote considerado “progresista” dentro del contexto histórico en el cual se desarrolla el relato (la América de principios de los sesenta, mucho mejor presentada aquí que la de los cincuenta en Revolutionary Road), y la hermana Aloysius (Meryl Streep), que lleva a cabo feas insinuaciones respecto a la supuesta relación turbulenta que puede haberse dado entre el padre Flynn y un alumno negro, el primero de esta raza en el seno de un colegio religioso como resultado de la política de integración racial del gobierno norteamericano de la época. Lo que se dirime en el fondo de La duda, revestido de disquisiciones sobre la religión y la moralidad, lo correcto y lo incorrecto, la verdad y la mentira, es en realidad una lucha de poder que sacude el interior del colegio donde transcurre el grueso del relato: de ahí esos apuntes visuales a lo que me refería, como el contraste entre el plano en contrapicado que muestra a la hermana Aloysius mirando al padre Flynn desde una perspectiva de supuesta “superioridad” moral, y el contraplano en semipicado de este último, convertido así a los ojos de su inquisidora en un ser pequeño y despreciable; el subrepticio empleo de planos torcidos, expresando así la desquiciada atmósfera persecutoria que va impregnando el lugar por culpa de la perversa certeza de la hermana Aloysius; el gran plano picado que cierra la secuencia del diálogo de la hermana Aloysius con la Sra. Miller (Viola Davis), la madre del chico negro: ¿expresión de la mala conciencia que acabará apoderándose de la hermana Aloysius, visualización de ese “ojo de Dios” que todo lo ve…? Una planificación, por descontado, al servicio del texto y de los actores, pero que también funciona en sí misma considerada.

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    El curioso caso de Benjamin Button (The Curious Case of Benjamin Button, 2008), de David Fincher.- A falta de haber leído el relato homónimo de Francis Scott Fitzgerald en el que se inspira, cosa que espero hacer en breve, la nueva película de David Fincher me parece su mejor trabajo hasta la fecha. Cineasta tan interesante como irregular, sobre todo en sus primeros años alternó productos fallidos, aunque curiosos, como Alien 3 (ídem, 1992) –el director’s cut que circula en las actuales ediciones en DVD es infinitamente superior—, y títulos mediocres, por muy vistosos que fueran, como The Game (ídem, 1997) o La habitación del pánico (Panic Room, 2002), junto con dos obras extremadamente interesantes: Seven (ídem, 1995) y El club de la lucha (Fight Club, 1999). Gracias a la excelente Zodiac (ídem, 2007), Fincher dio un gran paso adelante, demostrando que, sin perder ni un ápice de su capacidad para ofrecer ficciones turbadoras y sugestivas, además había pulido sus dotes como narrador, sin abusar de los efectismos que en algún pequeño momento perjudicaban a Seven y El club de la lucha en su propósito de impresionar. Con El curioso caso de Benjamin Button, Fincher ha alcanzado una madurez narrativa insospechada en el hombre que empezó con Alien 3 (la cual, insisto, con todos sus defectos no me parece lo peor de su director, ni siquiera en su fallido montaje para cines), demostrando además una gran inteligencia al saber estar a la altura de las circunstancias para narrar una historia cuyo tono nostálgico, sentimental y melancólico rehúye el tratamiento impactante de Seven, El club de la lucha y, en parte, Zodiac, por más que en El curioso caso de Benjamin Button atesore unas considerables dosis de dureza y menos complacencia de cara al espectador de lo que pueda parecer a simple vista. Hay tantos elementos magníficos en este film, que abordarlos aquí en su integridad desbordaría sobradamente las pretensiones de esta entrada en este blog; además, los interesados pueden encontrar en el reciente número 386 de Dirigido por… un detallado análisis de cuatro páginas a cargo de Antonio José Navarro. Únicamente me limitaré a apuntar un par de aspectos que me han llamado la atención en particular. El primero, el refinado tratamiento estético de la película, mediante el cual Fincher retoma, sutilmente, el estilo de “relato(s) dentro del relato” con el que ya experimentara en El club de la lucha y, parcialmente, en Zodiac; aquí, el excelente tratamiento fotográfico (responsable: Claudio Miranda) no sólo sirve para marcar los cambios temporales de la narración, de tal manera que, por ejemplo, escenas como las del arranque de la película, con la anciana Daisy (Cate Blanchett) postrada en su lecho de muerte en el hospital y acompañada por su hija Caroline (Julia Ormond), tienen una iluminación fría, azulada, “real”, que contrasta sobremanera con las escenas del nacimiento y primeros años de Benjamin (Brad Pitt) en la residencia para ancianos, filmadas con tonos dorados o resplandecientes pero siempre cálidos, un tanto “irreales”, de cara a contraponer las vivencias finales de Daisy en tiempo presente con el recuerdo ensoñador de un bello pasado que quizá solamente existe en su memoria. El tratamiento fotográfico es, asimismo, un reflejo poético de las sensaciones y sentimientos de los personajes, de tal manera que la belleza de la fotografía se corresponde armoniosamente con el tono dramático que está en juego: no es mero esteticismo, sino una estética con un sentido y un contenido concretos; pienso, al respecto, en la hermosa secuencia nocturna en la que Benjamin y Daisy conversan en la glorieta del parque, donde la muchacha se descalza y se pone a bailar mientras el hombre la contempla inmóvil: una magnífica manera de contrastar la diferente percepción de la vida que en ese momento todavía tienen los personajes y que todavía no es el momento de su encuentro definitivo (ya que, paradójicamente, Benjamin todavía no es lo suficientemente “joven” ni Daisy lo suficientemente “madura” para compartir su amor). Señalo, asimismo, la extraordinaria secuencia de la muerte del padre de Benjamin, el Sr. Button (Jason Flemyng), a la luz de un lánguido amanecer a la orilla del mar. O la visualización, en formato de “película casera” gastada y parcialmente descolorida, de la simbólica historia del relojero (Elias Koteas) que tras perder a su hijo en la Gran Guerra construyó un gigantesco reloj cuya segundera avanzaba en dirección contraria, y que funciona a modo de contrapunto poético del periplo vital de Benjamin; incluso los divertidos insertos, rodados con estética de cine mudo, que visualizan el relato del anciano que explica que ha sido alcanzado por un rayo en siete ocasiones (¿acaso un homenaje a Buster Keaton, al igual que Benjamin una especie de niño-hombre, u hombre-niño, que hace frente a las adversidades de la vida con impasibilidad?). El segundo aspecto al cual quiero referirme, brevemente, es el relativo al tratamiento subjetivo de la narración, el cual está, desde luego, muy ligado al tratamiento estético que acabo de mencionar. Dejando aparte el hecho de que el relato se desarrolle a base de los flashbacks que va evocando, a partir de la lectura de un diario, una moribunda, ese sentimiento nostálgico queda reforzado por el talento demostrado aquí por Fincher a la hora de sumergir al espectador en el insólito punto de vista de un personaje que vive la vida “al revés”, de ahí la atmósfera de intimidad que impregna la narración incluso en sus momentos más ásperos (por ejemplo, la espléndida secuencia del combate naval contra el submarino alemán, planificada desde el punto de vista de los tripulantes del barco donde Benjamin presta su servicio de armas). El curioso caso de Benjamin Button es una exaltación de la vida, la madurez y la experiencia iluminada desde el umbral mismo de la muerte, entendida aquí como culminación del hecho de vivir.              

Comentarios

Hola. Acabo de leer tu opinión sobre "El curioso caso de Benjamín Button". A mí me parece que poco aporta y la considero como un guiso insulso con referencias a Titanic (esa narración de la anciana que va interrumpiendo regularmente la película), Forrest Gump y Big Fish. Mejor o peor hecha. Con mejor o peor fotografía, y con más o menos Oscars, pero nada del otro mundo. Y qué decir de su duración... ¿Ves tú alguna relación con esas tres películas? Saludos.


Hola, otra vez. Anoche vi "La duda" y estoy más de acuerdo contigo. Respecto a los "planos inclinados" me gustaría saber tu opinión: ¿no te parece un recurso un poco "evidente"? Además es que se notan tanto que molestan...


Coincido con tu apreciación d la carrera de Fincher (a mi su "Alien 3" me gustó en su día cuando lo vi en los cines). En mi opinión su mayor bajón es "La habitación del pánico" y después, y aquí disiento con usted, "El curioso caso de Benjamin Button". Esperaba más continente para este contenido (y este metraje alargado en exceso según mi opinión). El contenido está muy logrado pero la película apenas se sostiene en cuanto a contenido, que en mi opinión se limita a un par de ideas repetidas una y otra vez pero sin desarrollo alguno. No me parece una mala película pero esperaba más de Fincher.

Le descubrí el blog a través del blog de Tonio L. Alarcón y, como ya dije en el suyo, este año les llevaré leyendo fielmente en 'dirigido por' 10 años. Haber descubierto los blogs de ambos dos supone aumentar la dosis mensual de cinefilia lo que no puedo más que agradecerles. Muchas gracias por descubrirme tanto cine.


Estoy bastante de acuerdo con TFV sobre los logros de Benjamin Button. Creo que no es tan simple y que tiene bastante más contenido del que parece. A mi por lo menos me fascinó.
Se ha comentado mucho el parecido con Forrest Gump, pero a parte de tener el mismo guionista, no les encuentro demasiados puntos de coincidencia.
Para mi gusto, puro magia visual. Y no es que abunde demasiado.

Aprovecho para mostrar mi admiración por TFV, al que hace años que sigo y que me ha hecho descubrir grandes películas y me ha ayudado a entender un poquito más el cine. Gracias.


Buenos días a todos, y en particular saludos para Ibai y Álvaro, que acaban de "aterrizar" en este blog.
No estamos de acuerdo, Tomás, en torno a los méritos del film de David Fincher, aunque sí que es verdad que a mí me hizo pensar un poco en el "Big Fish" de Tim Burton, aunque con elementos fantásticos menos exacerbados; también me vino a la memoria, un poco, Steven Spielberg, a quien probablemente no le habría disgustado este material, aunque lo cierto es que Fincher (declarado admirador de Spielberg, por cierto) no lo imita, ni tampoco a Burton. No acabo de ver clara la conexión con "Titanic", quizá en lo referente al relato narrado a base de "flashbacks" por una anciana, aunque este procedimiento narrativo tampoco es exclusivo del film de James Cameron (quien, por cierto, y si no recuerdo mal, fue uno de los primeros interesados en hacer "El curioso caso de Benjamin Button", quizá tu pregunta iba por ahí...). Evidentemente, hay un cierto parecido con "Forrest Gump" en lo que se refiere, quizá, a la presentación de personajes de hombres-niño, o niños-hombre, y a la relación de los protagonistas con mujeres, digamos, etéreas (la hippie Robin Wright Penn por un lado, la bailarina Cate Blanchett por otro); pero, una vez más, el estilo difiere mucho.
Respecto a si los planos inclinados de "La duda" son o pueden ser obvios, pues quizá sí, pero eso depende de cómo lo vea cada cual; a mí no me lo parecieron, pero comprendo que pueden parecerlo en un momento dado. Recuerdo una entrevista que Antonio Castro le hizo a Sydney Pollack para "Dirigido por...", con motivo del estreno de "Habana", en la que Castro le reprochaba un detalle que le parecía demasiado obvio (si no recuerdo mal, un plato que estalla en una cocina mientras Robert Redford tiene una tensa discusión con un oficial al servicio de Batista); Pollack le replicó que a él ese detalle no le parecía obvio, pues en caso contrario no lo habría incluido, pero en definitiva venía a decir que a veces estas cosas dependen mucho de lo que cada cual considere obvio. Es muy difícil, por no decir imposible, colocar una "frontera" en estos casos que dependen, como aquí, de pequeños y sutiles matices.
Estos días he empezado a oír opiniones como la de Ibai, que disienten del film de Fincher. Naturalmente, es bueno disentir, e incluso bueno para la propia película, dado que quiere decir que no deja a nadie indiferente y "da" para discutir sobre ella, que es lo interesante. Gracias tanto a ti como a Álvaro por vuestra amabilidad hacia mi persona, y seguimos viéndonos por aquí.
Un saludo,
Tomás.


Buenos días a todos

"Valkiria" me parece correcta sin más, pero Bryan Singer tiene mejores películas, "Sospechosos habituales" y "Verano de corrupción" (dios, vaya traslación al español del original "Apt pupil". Me gustaría conocer al funcionario del Ministerio de Cultura que adapta los títulos del original, nos trata como a idiotas a los espectadores. ¿Os dais cuenta que el título original normalmente personaliza la película, por ejemplo "Mary and Pete" pero el título español lo generaliza de un modo pomposo, llamándolo por ejemplo "El precio de la mentira" o "El precio del deseo"? ) sobre todo. ¿Has visto su debut, Tomás, titulada "Public access"? ¿Alguien la ha visto? De acuerdo contigo sobre Danny Boyle, un director efectista pero nada efectivo, no tiene ninguna película redonda, sólo se acerca su debut "Shallow grave" con el mejor Ewan McGregor que recuerdo. "La duda" es muy buena, con una Meryl Streep viviendo una segunda juventud artística. "Los cronocrímenes" es una buena idea mal desarrollada, y los actores salvo el gran Karra son puro decorado, de mi paisana Barbara Goenaga sólo recuerdo,lo siento, sus magníficas tetas (el cine español sólo vale hoy en día, parece, para mostrar su cuota de carne femenina). "Revolutionary road" es mediocre para mí, de Sam Mendes me quedo con "American beauty" a ratos.

Un saludo


Hola Tomás.

Un verdadero placer el leer tus opiniones sobre películas de las que no has escrito en otros medios. Yo también defiendo “Valkiria”, me parece una muy buena película repleta de magníficas secuencias de suspense repletas de tensión, como por ejemplo todo el episodio de la bomba colocada por el personaje que interpreta Kenneth Brannagh.

¿Y qué decir sobre “El curiosos caso de Benjamin Button”, maravillosa obra de arte que ayer fui a ver por segunda vez? Tanto tu comentario como la crítica de Antonio José Navarro en “Dirigido por...” me parecen muy acertados. Solo me gustaría comentarte una observación que, además, está relacionada con lo que comentas acerca del tratamiento algo irreal del relato de Benjamin en contraste con el crudo realismo de las secuencias ambientadas en la actualidad (contraste al que, por cierto, ayuda muchísimo la bellísima y evocadora música de Alexandre Desplat). La secuencia que me llamó la atención es aquella en la que el personaje interpretado por Julia Ormond lee las postales que le escribió Benjamin: las imágenes que ilustran esa lectura, y que muestran los viajes de Button, tienen un tono fotográfico parecido al del cine de los años 70, con unas imágenes algo granuladas que nada tienen que ver con la elegancia con que se nos muestran los hechos narrados en el diario de Benjamin. Eso me llevó a pensar que, tal y como dices, el tratamiento del relato del diario es evocador y ensoñador, a tono con la melancolía con la que el protagonista recuerda su pasado; en cambio, cuando lo que se nos narra no pertenece a ese diario (como sucede con las postales, o también con el relato inicial del relojero) creo que el personaje de Ormond imagina los hechos a su manera, recurriendo en su mente a la estética y la imaginería con la que el cine nos ha mostrado esas épocas (el cine de los 70, el cine mudo en el caso de la historia del relojero). No sé si me he explicado bien, pero me gustaría saber tu opinión sobre esta posibilidad.

Por cierto, ¿a qué te refieres cuando comentas que en “Zodiac” David Fincher ensaya la técnica del “relato dentro de otro relato”?

Un saludo.


Bloddy Mamma!!! Un mito. Hace mucho que la vi, era muy pequeño y supongo que por eso me chocó bastante. No la recuerdo como una gran película pero no se me ha olvidado a un Robert De Niro jovencísimo, inyectándose heroina como un poseso y con una cara de loco que daba miedo.

Habrá que revisarla.

Saludos,

Álvaro


Apreciado Tomás:

Recibo gozoso la noticia de que has inaugurado este blog (lo sé, voy un pco tarde), y me encuentro lo mismo con lo que me encuentro cuando leo la revista "Dirigido": tenemos gustos muy similares (hablo de Spielberg, de Nolan, de Eastwood, de Singer, y hablo también y por supuesto de los clásicos), y nos disgustan las puerilidades al uso de ciertos pretendidos eruditos del cine (y no hablo sólo por Lars Von Trier). ¿Tendrá algo que ver en que los dos seamos abogados?

Nada, quería felicitarte por tu labor en la revista Dirigido, en diversos libros tuyos de cine que he leído gustoso y en este blog.

Y si me pongo a escribir aquí es porque este mediodía he visto por tercera vez THE CURIOUS CASE OF BENJAMIN BUTTON, que no sólo me parece una obra hermosa, como la han tiidado por ahí, sino una de las obras maestras de esta década que termina. Y si lo digo no es por colgar etiquetas, sino porque es una película que me afecta, porque sus imágenes tienen una fuerza y expresan unos valores bien capaces de sedimentarse en el ánimo y pensamientos del espectador mucho después de abandonar la sala del cine.

Contigo estoy en que estamos ante la masterpiece de Fincher, quien venía de una película, Zodiac, que ya marcaba un punto y aparte en la carrera. Creo que Fincher incluso en sus obras menos felices logra arrancarse imágenes muy poderosas, pero es que THE CURIOUS... es un prodigio incesante: un esfuerzo superlativo por abrir el relato a su vis más deslumbrante, la que se revela en términos fantásticos (tras esa suerte de prólogo que narra la historia de Monsieur Gateau, filma la secuencia del nacimiento de Benjamin de forma grandilocuente, exuberante, soberbia –la noche estática, la algarabía de la celebración de la victoria bélica en el ambiente, en contraste con la decisión desesperada de Thomas Button…-). La ingravidez y el preciosismo fotográficos, la esmerada planificación de secuencias, el estudio de los encuadres a los rostros de los protagonistas y a todo lo que tan bien expones sobre los tonos/colores que dirimen sus cambiantes entornos (los tiempos de la vida), la mesura en el montaje para conseguir que sea fluida la concatenación de las mil tramas que componen la historia… Fincher conjuga con maestría los elementos cinematográficos para rendir cuentas en términos de fábula a las profundidades que alcanza el relato urdido por Eric Roth (tanto a las aritméticas, pues es un guión que sabe obedecer a los parámetros de lo cartesiano, como a las emotivas/reflexivas, por la riqueza y matices de la historia, por su contenido alegórico/simbólico).

Como también anotas, el trasfondo del filme es mucho menos complacente de lo que aparenta. Lo mesmerizante (el viaje al alba del joven Benjamin junto a Daisy en el trasbordador), lo poético (las citadas secuencia del baile nocturno a la luz de la luna en un quiosco de música junto al río o el viaje al nuevo amanecer de Benjamin con su padre), lo hipnótico (la completa estructura y narración del romance de Benjamin con la Sra. Abbott en un hotel ruso), lo épico (la secuencia del combate contra el submarino)… sublimes envoltorios para la expresión de lo que subyace, los sentimientos ciertos, la Realidad, la crudeza del destino. El filme empieza y termina en la realidad, y abre puertas a la fantasía pero siempre para volver a la realidad. Y la realidad es esa "única dirección" de la que le habla Queenie al niño(-viejo) Benjamin:la presencia constante de la muerte, que atraviesa el relato de principio a fin. Conceptos todos estos, por cierto, genialmente definidos por Antonio José Navarro (en el Dirigido de febrero), cuando hablaba de "la vis oscura del americana".

Perdona por el rollo. Seguiría hablando y hablando de la película. Supongo que también me viene de casta profesional.

Un abrazo cinéfilo

Sergi


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