“REC”: TERROR CÁMARA EN MANO

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Estos días ha sido noticia el inicio del rodaje, el pasado 10 de noviembre, de Rec 2, la “esperada” secuela de Rec (2007) codirigida nuevamente por Jaume Balagueró y Paco Plaza, la cual el año pasado acabó erigiéndose en el segundo film más comercial del cine español, con casi ocho millones de euros recaudados en su exhibición en salas cinematográficas (cifra muy notable si se tiene en cuenta que su coste de producción rondó, si no me equivoco, el millón de euros), sólo superada por El orfanato (J.A. Bayona, 2007) y sus más de veinticuatro millones de euros acumulados en su explotación en cines. A ello hay que unir el próximo estreno –quizá para enero de 2009— de Cuarentena (Quarantine, 2008, John Erick Dowdle), remake de producción norteamericana de Rec estrenado en los Estados Unidos el pasado 12 de octubre con aceptable éxito comercial (poco más de 30 millones de dólares recaudados hasta primeros de este mes de noviembre, que no está mal teniendo en cuenta que el film apenas ha costado 12 millones).

    Pues bien, debo confesar que Rec me dejó frío, de ahí que ni la noticia del rodaje de una continuación ni la del estreno de su nueva versión estadounidense me inspire, a priori, ningún entusiasmo. Tanto Jaume Balagueró como Paco Plaza me parecen, por ahora, promesas cuyo potencial cinematográfico pienso que está por definir, y que a lo largo de sus respectivas filmografías, cortas pero muy celebradas (me temo que demasiado), nos han ofrecido destellos de buen cine, fragmentos de unos talentos que pueden fructificar a corto o medio plazo pero que todavía están lejos, muy lejos, de esa maestría que se les atribuye un tanto alegremente (a lo cual contribuye, sin duda alguna, el hambre de buenos realizadores de cine de género, de cineastas que abran nuevas vías de expresión en la cinematografía española, que nos asola desde hace años). Hay que reconocer, empero, que a Rec no le falta coherencia ni personalidad respecto a lo que hasta antes de su realización nos habían ofrecido sus codirectores: es una película cuyo planteamiento y resolución tienen mucho de esteticista, al igual que el grueso de la filmografía de Jaume Balagueró inscrita en el género fantástico: Los sin nombre (1999), Darkness (2002), Frágiles (2005) y Para entrar a vivir (2006), su episodio para la serie Películas para no dormir y, sin duda alguna, un precedente muy directo de Rec; y hay en ella cierto sentido de la crueldad característico de los trabajos de Paco Plaza que se encuadran, asimismo, en el cine de terror: El segundo nombre (2002), Romasanta (2004) y el telefilm Cuento de Navidad (2005), también para Películas para no dormir.

    Generalizando mucho, Rec es una consecuencia más o menos directa y aún con cierto retraso del éxito (a mi entender, incomprensible) de El proyecto de la bruja de Blair (The Blair Witch Project, 1999, Eduardo Sánchez y Daniel Myrick), una nadería que en su momento causó un furor casi uterino por un capricho formal que fue vendido como la mayor innovación narrativa del cine fantástico contemporáneo, esto es, rodar un film de terror íntegramente desde el punto de vista de la cámara portátil de uno de los personajes; de esta manera, decían, se lograba una insólita sensación de “realidad” en el contexto de un relato fantástico, una inesperada convivencia entre dos mundos aparentemente irreconciliables, el real y el imaginario. Además, su influencia no se limitó al cine fantástico, dado que popularizó junto con el efímero movimiento Dogma95 el empleo de la cámara en mano; algo que, por cierto, existía desde mucho antes de que Lars von Trier y sus colegas lo convirtieran en la “marca de fábrica” de un estilo de cine que, paradójicamente, se promocionaba a sí mismo como ajeno a marca de fábrica alguna. No cuesta ver en la aceptación de aquella idea, primero, un síntoma de la posterior revalorización del género cinematográfico del documental, promocionado como el cine “realista” o “captador de la realidad” por excelencia, rotunda falsedad que todavía ahora sigue estando muy arraigada en el inconsciente colectivo, que da por hecho que documental equivale a “real”, o más aún, que equivale a “verdad” (cuando lo cierto es, mal que pese, que el documental es un género que, como los demás, se rige por el principio de la selección y manipulación de las imágenes, con sus propias y reconocibles convenciones codificadas, exactamente igual que el western o el cine negro, y cuyos mecanismos narrativos beben en no poca medida del así llamado cine de ficción). También da la sensación de que la aceptación de El proyecto de la bruja de Blair por parte de comentaristas poco o nada amantes del cine de terror era un intento más de domesticar al género fantástico, de “racionalizarlo”, ni que fuera en este caso por la vía del empleo de una estética “realista” destinada a inyectarle una dosis de “mundo real”, rebajando así sus supuestas ínfulas delirantes.

    Hay que reconocer en honor a la verdad que, si bien Rec recoge en parte la herencia de El proyecto de la bruja de Blair, también corrige y hasta cierto punto perfecciona aquella idea, la intrusión de la realidad en un contexto fantástico por mediación del punto de vista fijo de una cámara, por más que acabe fallando en lo mismo de lo que cojea su calamitoso precedente: su ejecución. Dicho de otro modo, tanto El proyecto de la bruja de Blair como Rec me parecen buenas ideas, o teóricamente interesantes, pero mal resueltas, sobre todo en el caso de la primera. Centrándonos en la obra de Balagueró & Plaza, Rec intenta, al igual que El proyecto de la bruja de Blair y que muchas, muchísimas otras películas del género fantástico (la construcción narrativa de ambas es tan vieja como el propio género), introducir al espectador, cómodamente situado al principio del relato en un contexto cotidiano reconocible y familiar, dentro de un contexto terrorífico donde las leyes de la razón y la lógica son progresivamente abolidas por la imposición de un horror irracional y descontrolado. Esa introducción está planteada con más habilidad en Rec que en El proyecto de la bruja de Blair: aquí asistimos a la labor de una reportera de televisión, Ángela Vidal (Manuela Velasco), que va hablándole directamente a la cámara móvil que porta Pablo (Pablo Rosso, asimismo director de fotografía y operador de cámara del film), mientras lleva a cabo un reportaje sobre una unidad de bomberos de Barcelona. Si la idea de situar al espectador en un contexto inicialmente cotidiano mediante la presentación de un simpático reportaje sobre bomberos es tan válida como cualquier otra, de cara a aterrorizarle luego mediante el contraste con los horrores que se van a desencadenar a continuación, Balagueró & Plaza la destrozan por culpa de insistir demasiado en ella: la introducción en el parque de bomberos es larga, larguísima, y se hace francamente pesada, sobre todo porque se nota demasiado que está estirada de cara a conseguir, probablemente, una duración estándar para el film; no será la única vez en que esa dilatación gratuita del metraje dañe considerablemente el interés de la película.

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    Creo que hubiese resultado mucho más eficaz reducir a la mitad las primeras escenas en el parque de bomberos, o incluso empezar el film en el interior del coche de bomberos donde Ángela y Pablo realizan su reportaje acompañando a los bomberos a lo que al principio se anuncia como una salida rutinaria y sin complicaciones. La película realmente “arranca” aquí: con la llegada de reporteros y bomberos a un inmueble del Ensanche barcelonés, cuyos vecinos han pedido ayuda porque están oyendo inquietantes gritos y ruidos en el piso donde una anciana vive sola. Como todo está siempre visualizado desde el punto de vista de la cámara de televisión que emplea Pablo, se consigue de este modo que el espectador sea, por así decirlo, “uno más” en la aterradora peripecia de los personajes, acompañándolos en todo momento, sufriendo con ellos y, lo que quizá es peor, siendo testigo impasible de un terror contra el que no puede hacer físicamente nada, tan sólo mirarlo. Esta manera de conseguir que lo cotidiano se vuelva terrorífico, que el mundo real y aparentemente racional donde creemos vivir se disuelva bajo el peso demoledor de un universo terrorífico e irracional, en el que algo parecido a un virus diseñado como arma química va convirtiendo a quienes infecta en una especie de seres violentos y monstruosos (zombis, suele decirse, lo cual no es del todo cierto, aunque en el contexto del relato poco importa cómo se definan), todo narrado desde la perspectiva de un testigo impotente (la cámara de televisión), resulta como digo muy atractiva pero, insisto, resuelta con poca convicción.

    En Rec se produce, a mi entender, una clara disonancia entre ese atractivo punto de partida; parafraseando a José María Latorre, el “paisaje interior” de la película (todo lo que hemos mencionado respecto al empleo de la cámara en mano en el contexto de un relato fantástico), y su “paisaje exterior”, el compuesto por sus personajes. De acuerdo: hay muchas buenas películas de terror que también hacen gala de pobres personajes pero a cambio ofrecen admirables atmósferas y excelentes propuestas cinematográficas (un ejemplo rápido que me viene a la cabeza: Fantasmas de Marte / Ghosts of Mars, 2001, un muy subvalorado film de John Carpenter, sospecho, porque da pereza mirar su “paisaje exterior”, sus estereotipados personajes, en detrimento de su “paisaje interior”, lo que el realizador sugiere de esos mismos y a la postre no tan estereotipados personajes por medio de su puesta en escena; el tema da para mucho –de hecho, es la base de una amplia digresión sobre qué es o no buen cine fantástico, incluso buen cine en general—, y no es momento de desarrollarlo ahora). Pero, y volviendo a Rec, creo que su “paisaje interior” no termina de compensar las deficiencias de su “paisaje exterior”. Dicho de otro modo: que una buena idea y su voluntariosa ejecución no son suficientes para sostener un largometraje cuya escasa hora y media de metraje se acaba haciendo cansina y repetitiva.

    Una prueba de lo afirmado lo tenemos en que, tras su violento arranque, y la manifestación de los primeros momentos de tensión –la anciana convertida en una bestia salvaje a la que el agente de policía se ve obligado a abatir a tiros, la niña que ha recibido un mordisco, el aislamiento de todas las personas encerradas en el inmueble por un equipo de seguridad que recubre puertas y ventanas con plásticos—, el relato, literalmente, se detiene, y al igual que ocurría con las primeras escenas en el parque de bomberos empieza a estirar su metraje, “haciendo tiempo” de un modo, a mi entender, inútil: mientras esperan a que la situación se resuelva, Ángela y Pablo se dedican a entrevistar a los variopintos habitantes del inmuebles –de casi todas las razas, sexos y condiciones: hombres, mujeres, ancianos, japoneses, sudamericanos; por suerte, no hay una defensa de la España supuestamente multicultural (sic)—, los cuales ofrecen exactamente la misma versión de los hechos: que oyeron unos ruidos pero que no vieron nada. Y así vuelan unos cuantos minutos que vuelven a hacerse muy, muy largos.

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    Queda para el final un último tercio, similar al primero, en el cual los personajes van cayendo, víctimas del virus que los convierte en ciegos homicidas o de la agresión de sus vecinos infectados. Pero incluso aquí la tensión tan sólo funciona a ratos, y algunas de las muertes están resueltas con notable torpeza: la del policía, que cae bajo la letal dentellada en la garganta de la niña enloquecida (la escena no puede ser más previsible: el policía, agachado cerca de la niña y enfocándola en la oscuridad con su linterna, va girando la cabeza repetidas veces mientras habla con el bombero que está a su lado, dejando el cuello indefenso); o la del vecino homosexual (otro deceso que se ve a la legua: el personaje da una larga explicación poniéndose justo de espaldas al cristal de la puerta del almacén tras la cual está encerrado un miembro del equipo de desinfección que ha sido mordido por uno de los dementes y que está a punto de transformarse en, digamos, zombi: al rato, las manos de este último atraviesan la puerta y hacen presa en la cabeza del desprevenido vecino). En cambio, los cinco minutos finales en el piso superior, donde Ángela y Pablo acaban descubriendo la aterradora, sobrenatural verdad que se esconde tras el supuesto virus, me parecen sin duda alguna lo mejor de la función e incluso el fragmento mejor planificado; da la sensación, puede que equivocada por mi parte, de que todo el relato está construido en función de esa sorpresa final, en la que  la atmósfera se adentra “realmente” en el terreno de lo fantástico, valga la paradójica expresión. Pero, en última instancia, no consigue que Rec termine de remontar el vuelo después de ochenta minutos de inconsistencias dramáticas y, sobre todo, de estilo: resulta difícil superar la sensación de que, con esa manera de filmar unívoca, el film acaba escamoteando algo: de que lo más interesante está fuera de cuadro. Y lo digo aún siendo consciente de que haya quien vea una virtud en dicha ambigüedad.           

Comentarios

¿Qué tal, Tomás?
A mí, particularmente, REC me fascinó como pocas películas de terror lo han hecho en los últimos años. Puede que, ampliando tu punto de vista sobre Balagueró y Plaza, ello sea debido en gran parte a que también hay "hambre" de películas de género de terror que apunten aspectos distintos o vayan por otros caminos, más allá del sempiterno asentamiento en los "serial killers" adolescentes. Sin embargo, para mí, REC plantea elementos que pueden ser o no novedosos pero sí están tratados con personalidad y, sobre todo, con la enorme habilidad de integrar al espectador en parte activa de la historia.
El hecho de estar obligado a vivir el horror en primera persona, de percibir aspectos parciales del mismo (jamás su integridad, ni siquiera en su resolución final) y de que ello esté mostrado con una absoluta verosimilitud, convierte la propuesta (para un servidor) en una de las más terroríficas vistas en los últimos años. El dominio del fueracampo me parece trascendental en este punto (ví infinitamente más terrorírifico el hecho de que alguno de los personajes dijera que tenían que subir las escaleras, que cualquier aparición monstruosa), así como la excelente localización de un inmueble al que Balagueró y Plaza sacan un enorme partido, precisamente, por la sensación de cotidineidad que ofrece.
La gran diferencia con esa soberana memez que era "El proyecto de la bruja de Blair" radica es que no se busca desesperadamente hacer pasar por "verídico" algo notablemente sustentado en los márgenes del cine de género.
A diferencia de lo que opinas en el post, Tomás, yo creo que REC tiene la duración justa. Si hay momentos dilatados (sobre todo en su bloque central) es, según lo veo, para ir preparando el "climax" final, así como su inicio en el parque de bomberos lo es para sumir al espectador en un halo de "realidad" que será con el que se jugará en los momentos más tensos de la película.
Por lo que comentas de los personajes, yo creo que la película tiene muy claro que es un aspecto en el que no quiere incidir, por tanto, se limita a plasmar un conjunto heterogéneo que solo sirve como "telón de fondo". El único personaje que tiene REC es la cámara, de la que se sirve como elemento de identificación y como conducto para mostrar la realidad (de hecho, en la última secuencia los personajes ven, literalmente, a través de ella).
Aún así, entiendo perfectamente que REC deje "fríos" a varios espectadores. Creo que si no se conecta con ella desde un principio (lo que comentabas de que la secuencia en el parque de bomberos te pareció excesivamente alargada), es esa la sensación que acompañará al espectador durante el resto de la proyección.
Por cierto, he podido ver hace poco QUARANTINE: un vulgar remedo que no aporta absolutamente nada, salvo que le vemos la cara al tío que lleva la cámara.
Encantado de debatir contigo, Tomás.


Buenos días, Joaquín:
Es muy posible que "Rec" guste o no, en gran medida, según cómo se "entre" en ella, y que la primera secuencia en el parque de bomberos sea, además de un paréntesis cotidiano destinado a introducir una atmósfera de normalidad en el espectador que luego va a romperse violentamente, una manera de habituar al espectador al movimiento subjetivo de la cámara, de dejarle bien claro que esa es la pauta que va a presidir el resto del relato.
Vuelvo a reconocer que a mí me costó "entrar", pero es bien posible que esa primera secuencia sea la clave para hacerlo o no. Salvando las distancias y sin ánimo de establecer comparaciones, algo así comentó en cierta ocasión Umberto Eco, cuando explicaba que las cien primeras páginas de "El nombre de la rosa" eran, en cierto sentido, una prueba a superar por el lector antes de sumergirse por completo en la atmósfera medieval y la intriga policíaca del relato.
Un saludo, y seguimos en contacto.
Tomás.


Acabo de terminar de ver Rec hace unos minutos atras la baje de internet y me precio exelente lejos una de las mejores peliculas de terror que he visto, pero me he quedado con una duda y me gustaria mucho ke si podrian respondermela. Al final de la pelicula cuando angela y pablo estan en la pieza y descubren toda la verdad no entendi que ''verdad'' es la que descubren es decir no entendi el origen del virus que supuestamente debe ser entendido al final de la historia supuestamente con una niña poseida en portugal. Tampoco entendi la grabacion que encuentran en la pieza ademas de las fotos y reportajes de la niña endemoniada y con tantas esculturas de la virgen. Me gustaria que si podrian responder mi duda ya que quede muy metido en esta pelicula y no entendi mucho el final que a opinion mia fue exelente dejando con una sensacion de querer ver mas y saber que pasa despues de la muerte de angela y pablo que a juzgar por mi uno queda impactado por la muerte de angela ya que fue de imprevisto y justo termina ahi quedando uno casi choqueado. Porfavor rogaria que si alguien gentilmente podria ayudarme, pueden escribirme aqui o mandandome un mail a mi msn. Muchas gracias.
Msn: javita_mc@hotmail.com


Buenos días, Javiera, y bienvenida al blog.
Veamos si te puedo contestar con claridad, pues piensa que yo vi "Rec" en cine hará un año y medio y no he vuelto a verla desde entonces, con lo cual puede habérseme escapado de la memoria algún detalle.
Yo entendí que, en los minutos finales del film, lo que se nos está diciendo es que el supuesto virus no tiene un origen científico, no ha salido de un laboratorio ni nada por el estilo, sino que ese "virus" es, en realidad, el Mal en estado puro, que va infectando la "niña" o "chica" diabólica, poseída por el demonio, que vive escondida en el último piso. Toda la parafernalia que la envuelve, recortes de periódico y esa misma grabación, parecen hablarnos de que la "chica" monstruosa ha sido examinada por la Iglesia y sometida a exorcismos, por lo que se ve sin resultado alguno... De hecho a mí, que no me gusta la película, me parece lo mejor de la misma: que un relato sobre un virus se convierta, de golpe y porrazo, en un relato sobre la propagación de un Mal de origen infernal, resulta un acierto.
Espero haber aclarado tus dudas. Pásate por aquí siempre que quieras.
Un saludo,
Tomás.


Muchas gracias Tomás !
Me dejaste muy claro el final de esta película que pensando casi toda la noche no pude entendarla muy bien jajaja. Si me pasaré seguido por aquí me gustó mucho tu blog, me parece muy entretenido y además se pueden aclarar dudas. Eres un buen comentarista de películas me sorprende, sigue así ;).
Cuidate y estamos en contacto. Gracias !


Buenas, Tomás:

A mí me gustó todavía menos que a ti REC, pero tengo cierta curiosidad por ver como van a sacar a la reportera del desván para hacer la segunda parte...

Para cuándo esa digresión que propones basada en Fantasmas de Marte??? Porque esa sí me gustó, seguramente incluso más que a tí. Me hizo mucha gracia en su momento leer las críticas que recibió (excepto en Dirigido, claro). A mi me pareció un excelente film, igual que Vampiros, de un director siempre a reivindicar, al menos yo lo hago siempre que puedo.

Y gracias también por la mención a "Outlander", otro film que la crítica ha despachado con un desdén que en mi opinión no merece. tan recomendable como "El Guerrero nº 13". Que será de John McTiernan??? pena que haya tanto mediocre por ahí dirigiendo decenas de millones de dólares y McTiernan se esté pudriendo en su casa por la cosa aquella del espioinaje. En fin...

Muchas gracias.


Buenas noches, Gonzalo:
Bueno, esa digresión sobre "Fantasmas de Marte" que mencionaba en realidad ya la hice en su momento, en un artículo que publiqué en "Dirigido por..." titulado: "Películas con (o sin) trampa". Básicamente, lo que decía ahí es que el personaje que interpreta Natasha Henstridge en el film de John Carpenter se toma unas pastillas antes de llegar al pueblo minero marciano en tren y empieza a "alucinar"; a partir de ahí, ¿quién puede asegurar que todo lo que ocurre a continuación es "real"... o una alucinación de la protagonista, que vive, recordemos, en una sociedad regida por mujeres y que ve cómo los mineros se transforman en hombres brutales (no hay mujeres entre ellos, por cierto), una especie de fantasía femenina exacerbada...? Poco más o menos la cosa iba por ahí; además, todo el relato está contado a base de "flashbacks", con lo cual tampoco tenemos la seguridad de si lo que explica Henstridge es la verdad... o se la está inventando delante del tribunal que la interroga. Un poco, más o menos y salvando las distancias, como en el "Rashomon" de Kurosawa. Por aquí andamos unos cuantos a los que nos gusta Carpenter a rabiar, así que tranquilo, que no estás solo.
Pues sí: lo cierto es que "Outlander" me pareció un título perfectamente defendible, y a punto estuve de dedicarle una entrada en este blog (no descarto el hacerlo todavía). A mí también me gustaba (y me sigue gustando) John McTiernan, y nada me gustaría más que superase sus recientes problemas con la ley y volviese a hacer un cine tan estupendo como el que hacía. Esperemos a ver.
Un saludo,
Tomás


Hola Tomás:

Soy lector de Imágenes de actualidad y seguidor de tu estupenda sección Cult-Movie. Coincido bastante contigo, además de con Angel Sala.

Como dices Outlander es bastante defendible. A mi me entretuvo bastante, es una película que pasa como un suspiro. Es sólida en su aspecto técnico y tiene un puntito de serie B sin pretensiones. El problema es que la historia está muy manida, pero se perdona.

Un saludo


ESTA PADRE PERO UN POCO DE MIEDO POR LO BUENO NO ESTOI EN LOS SAPATOZ DE ELLA


no flipen chavales rec es la mejor pelicula y lo sera siempre de terror española y si alguien tiene alguna mejor k lo diga


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