“VICKY CRISTINA BARCELONA”: UN WOODY ALLEN FALSAMENTE MALDITO

http://elcineseguntfv.blogspot.es/img/Vicky1.jpg     He de empezar con una confesión: una de las primeras razones que me han decidido a hacer este blog sobre cine era la de poder contar con un espacio propio para expresar una opinión respecto a esta controvertida película de Woody Allen, sobre la cual han corrido ríos de tinta muy negativos en su mayoría, al menos entre la así llamada prensa especializada española y sobre todo la catalana, que acaso por cuestiones de proximidad geográfica quizá se siente con más autoridad que ninguna otra para opinar tajantemente sobre un film que, cierto es, ha venido precedido de una campaña publicitaria que de entrada invita al rechazo (apoyo financiero desde instancias públicas, quejas de realizadores locales protestando por un supuesto trato de favor hacia Allen a la hora de rodar en la Ciudad Condal, sospechas sobre el carácter propagandístico y enfocado hacia intereses turísticos del Ayuntamiento de Barcelona por parte del film, que se ha traducido, dicen, en la aportación de un millón de euros de las arcas municipales para la financiación de la película, etc., etc.). No voy a negar nada de todo esto o de cualquier otra siniestra conspiración que se haya urdido en torno a Vicky Cristina Barcelona porque no estoy en posición de hacerlo y, como dije el primer día, este blog es parar hablar de cine (sin que eso suponga negar, por descontado, las implicaciones políticas, sociales, económicas o de cualquier otra índole que rodean al cinematógrafo en cuanto manifestación artística relevante).

    Hecha esta introducción, por desgracia muy necesaria en estos tiempos en los cuales, en materia cinematográfica, se tiende a confundir en demasiadas ocasiones el grano con la paja, la gimnasia con la magnesia y el tocino con la velocidad, creo que Vicky Cristina Barcelona, aún estando lejos de las mejores obras de su autor (que, a mi entender, son Manhattan, Sombras y niebla, Delitos y faltas y Match Point, esta última no menos polémica por razones relativamente similares a la del título que aquí nos ocupa), no se merece en absoluto el varapalo recibido en nuestro país, pues el film no sólo no me parece tan malo sino, por el contrario bastante interesante, hasta el punto de erigirse en la mejor y más divertida comedia de su director desde Celebrity (1998).

    Disculpen la franqueza, pero no consigo comprender ni mucho menos compartir las furiosas opiniones que se han vertido contra esta película, señalando groseramente con el dedo sus supuestos defectos, pareceres que naturalmente respeto pero que siendo benevolente sólo puedo interpretarlos como el resultado de la precipitación. El primer gran reproche que se le ha hecho a Vicky Cristina Barcelona reside en su mirada supuestamente “turística”, y por lo tanto superficial, sobre el escenario de la Ciudad Condal donde transcurre el grueso de la acción. Primera estupefacción por mi parte: si no recuerdo mal, ya antes de su estreno se venía diciendo, e incluso aceptando con cierta normalidad, que esa supuesta visión turística de Barcelona era (es) resultado del punto de vista de las protagonistas femeninas, Cristina (Scarlett Johansson) y Vicky (Rebecca Hall), dos turistas norteamericanas que acuden a la Ciudad Condal durante sus vacaciones y atraídas por sus tesoros artísticos: las obras de Antoni Gaudí, las Ramblas, Miró… Pues bien, llega el momento del estreno y toda esa previa “comprensión” se desvanece por completo. Puede alegarse a favor de los decepcionados al respecto que todavía no habían visto el film (con lo cual toda esa argumentación sobre el punto de vista no era sino una mera expectativa: un prejuicio); pero, incluso habiéndolo visto, me resulta incomprensible que todo lo que se sepa decir de esta película sea calificarla como “turística”: me parece una reducción simplista y equivocada, primero porque las escenas en las cuales vemos a Cristina, Vicky y otros turistas visitando monumentos o espacios típicos de Barcelona (y de Oviedo, que también “sale”) están reducidas al mínimo, pues la mayoría de ellas se resuelven mediante insertos de escasos segundos de duración; y sobre todo, porque ese supuesto contenido “turístico” es el aspecto más secundario de un film que cuenta muchas otras cosas.

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    Otra opinión adversa a Vicky Cristina Barcelona, ésta particularmente polémica y que pone nerviosa a mucha gente, es la que afirma que Woody Allen no ha sabido “conectar” con la realidad social de la Barcelona actual y, por ende, de la Cataluña y la España actuales, recurriendo a no pocos tópicos sobre el modo de vida en la península ibérica. La prensa catalana se ha subido por las paredes al comprobar, horrorizada, que Allen se atreve a reírse de un tema que aquí carece de connotaciones humorísticas: la identidad catalana; el personaje de Vicky, se nos dice, está completando sus estudios mediante una tesis sobre “la identidad catalana” (sic); alguien en la película hace un malicioso comentario verbal al respecto, diciendo poco más o menos que, cuando haya acabado de estudiar “eso”, Vicky podrá seguir adelante con su vida, entre cuyos planes más inmediatos figura el contraer matrimonio con su prometido Doug (Chris Messina). Que alguien se burle de una cuestión que para los catalanes no tiene nada de graciosa, y lo haga además en una producción cinematográfica de alcance internacional financiada, para más inri, en Cataluña mismo, puede sentar mal… siempre y cuando uno se la tome excesivamente en serio. Porque, y volviendo a la cuestión del punto de vista, ¿acaso no es normal que para unos personajes de nacionalidad norteamericana, tan ajenos a esa realidad catalana/española, “la identidad catalana” no les suene más que a una cuestión local que quiere estudiar una chica neoyorquina por curiosidad, por exotismo, antes de hacer una “buena boda” para luego olvidarse de ello para siempre? Viéndolo desde otros puntos de vista, y por favor que no se enfade nadie, ¿no será una manera de decir por parte de Allen, un extranjero en tierra extraña, que la cuestión de “la identidad catalana” es menos importante de lo que a nosotros nos parece?, ¿o, sencillamente, que no sabemos reírnos de nosotros mismos (o, cuanto menos, que no sabe hacerlo la así llamada prensa especializada)?   

    Todo ello equivale a no haber entendido el tono caricaturesco, y por tanto irreal, que domina el relato; y si bien es verdad que Allen se ríe de los tópicos de “lo español” (y, ¡ay!, también de los de “lo catalán”), no es menos cierto que los personajes de nacionalidad norteamericana están retratados con no menos ironía y crueldad. Dejando aparte el hecho de que resulta absurdo exigirle a un cineasta extranjero que en contadas ocasiones ha visitado nuestro país (donde, se dice, “se le quiere tanto”) un profundo conocimiento que no se le exige al resto de la producción cinematográfica nacional (quizá una de las más acríticas y menos auto-reflexivas del mundo), está muy claro que lo que ofrece Vicky Cristina Barcelona es una caricatura de España, de Cataluña y de los Estados Unidos (y, por añadidura, muy divertida). Si alguien se siente ofendido e incomodado por ella quizá sea porque resulta más dolorosamente acertada de lo que pueda parecer a simple vista. Allen se pronuncia respecto a España desde el tópico, pero ¿acaso no hay en el tópico algo de verdad? El tópico, cierto, no es una verdad universal, un axioma que deba tomarse al pie de la letra ni nada por el estilo; Allen lo sabe, y por eso mismo adopta ese tono cómico y desprejuiciado. Naturalmente, ni todos los españoles, ni todos los catalanes, ni los barceloneses, ni los ovetenses “son” como los personajes de Juan Antonio (Javier Bardem) y María Elena (Penélope Cruz), extravertidos, temperamentales, amantes del vino y del sexo, gritones, explosivos, celosos, pasionales… pero negar que no haya un fondo de realidad en todo ello me parece, honestamente, no conocernos a nosotros mismos. Con Vicky Cristina Barcelona, Allen coloca frente al espectador español un espejo deformante que nos devuelve un reflejo provinciano que no está alejado de una determinada verdad.

    He mencionado la palabra tono. A mi modo de ver, el interés de Vicky Cristina Barcelona y lo que le confiere todo su sentido reside en la tonalidad adoptada por Allen a la hora de narrarla. Tono que nace a partir del tratamiento fílmico que el realizador neoyorquino sabe imprimir con su labor tras la cámara, en una enésima demostración de que una cosa es la película que se “lee” (o se “escucha”) y otra bien distinta la película que se “mira” y se “ve”. La tonalidad del film está muy bien marcada desde el principio: Allen lo abre con un plano general con apertura del iris justo encima del mural de Miró que adorna la fachada del barcelonés aeropuerto de El Prat, poniendo dicha imagen en relación con Cristina y Vicky, recién llegadas a territorio catalán y subiendo sus maletas en un taxi. La voz en off que acompaña al relato, tan criticada y que en absoluto se limita a expresar lo que ya están mostrando las imágenes (como también se ha afirmado con insistencia digna de mejor causa), crea una primera atmósfera como de cuento de hadas, un equivalente del clásico “érase una vez…” que provoca un primer efecto de distanciamiento con el espectador, abonándole el terreno de cara a una trama no-realista, cínica y más bien reflexiva. Por añadidura, pueden interpretarse como guiños al cine mudo el recurso a la apertura y cierre del iris y a la voz en off (que aquí sería un equivalente a los rótulos), ya presentes en otros títulos de su director con aires de falso reportaje que asimismo provocaban idéntico efecto de distancia con el espectador (por ejemplo, Zelig, Acordes y desacuerdos o la antes mencionada Celebrity).

    Como siempre en el cine de Allen, los personajes de esta película no son aquello que dicen ser, o mejor dicho, no son lo que aparentan. Tras la (insistamos) tópica imagen de las dos turistas extranjeras que llegan a Barcelona atraídas por una turística –ésta sí— fascinación por el “sabor local” (recuérdese la primera escena en el aeropuerto), se esconden dos mujeres llenas de anhelos secretos: Cristina, la joven rubia que hace turismo por aburrimiento, porque en ese momento no tiene nada mejor que hacer, y que disfraza con pretensiones “intelectualoides” lo que no es más que una búsqueda de experiencias marcadas bajo el signo de lo sexual; y Vicky, la chica morena, estudiosa-y-seria porque nunca se ha planteado la posibilidad de no ser estudiosa ni seria (esto es, promiscua como su amiga Cristina), y que está a punto de contraer un matrimonio, casi, de conveniencia (con un prometido adinerado-y-guapo: un partido que una chica estudiosa-y-seria como ella no-puede-dejar-escapar).

    La irrupción de Juan Antonio en las vidas de Cristina y Vicky da pie al que probablemente sea el mejor momento del film: las muchachas se encuentran en una galería de arte con motivo de la inauguración de una exposición; Allen muestra a las jóvenes en plano americano; de repente, corta y pasa a plano medio en el momento en que Vicky mira más allá del encuadre a Juan Antonio (éste fuera de campo), comentándole a Cristina que el hombre que está al otro lado de la sala le ha llamado la atención y haciendo que su amiga también se vuelva y mire hacia esa misma dirección; a continuación, en vez de insertar un contraplano de Juan Antonio, como sería lo usual, lo que hace es volver al plano americano anterior de Cristina y Vicky y sólo después inserta un plano medio en el que vemos por primera vez a Juan Antonio, apoyado en una columna, con una llamativa camisa roja y tomando una copa. Esa ruptura de la planificación ortodoxa permite que el espectador se centre en las miradas de Cristina y Vicky, y en lo que sugiere ese gesto: de este modo, Juan Antonio aparece en sus vidas como la respuesta a aquellos anhelos insatisfechos, como el punto de ruptura que las chicas andan buscando, la una de manera consciente (Cristina), la otra inconscientemente (Vicky): un pintor “español” y “bohemio” al que le gustan las mujeres y el vino; que las lleva a Oviedo ¡en avioneta particular!; con el que escuchan, claro, guitarra española; y que acaba acostándose con las dos: primero con Cristina, la rubia, la más accesible y predispuesta, y luego con Vicky, la morena, la más difícil pero en el fondo también predispuesta.

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    Ese contraste de pareceres entre Cristina y Vicky es explotado a fondo por Allen de cara a conseguir un estudio de personajes mucho más agudo de lo que se ha pregonado estos días. En la hilarante secuencia posterior en el restaurante, donde Juan Antonio aborda a las chicas y las invita a viajar a Oviedo, Cristina no tarda en sentirse atraída por la atrevida verborrea del español (lo cual dice mucho tanto del personaje de Cristina como del de Juan Antonio), mientras que Vicky, erigida en voz de la razón, se resiste ante la disparatada proposición de Juan Antonio: coger una avioneta en plena noche y largarse hacia Oviedo como si tal cosa. Aparte de la brillantez de los diálogos, tan habitual en Allen (excepto aquí, dice la opinión mayoritaria), la secuencia del restaurante pone a las claras el tono de farsa que va a dominar el resto del relato, con lo cual nadie puede llamarse a engaño. También resulta sintomática de ese mismo tono, y del excelente dibujo de los personajes, la resolución de las sucesivas seducciones amorosas de Cristina y Vicky por parte de Juan Antonio. Éste visita a Cristina en su dormitorio pero la chica, ahíta de comida y vino, acaba vomitando, frustrando ese primer intento (en una clara demostración del carácter visceral y epidérmico de su relación: todo depende, en resumidas cuentas, de tener o no el organismo a punto para el sexo). Posteriormente, el segundo y exitoso intento de Juan Antonio (apostillado brillantemente por la irónica voz en off: “En esta ocasión, Cristina retuvo su comida”) concluye con un gran primer plano de Juan Antonio y Cristina besándose desnudos en la cama: a fin de cuentas, es lo que estaban buscando ambos personajes y al final han logrado alcanzar su objetivo.

    En cambio, para seducir a la menos predispuesta Vicky, Juan Antonio tiene que llevar a cabo una estrategia más elaborada: primero, la lleva a la granja de su viejo padre en Oviedo (este último, un progenitor a la altura de su hijo, recuerda a la ex mujer de Juan Antonio, María Elena, del siguiente modo: “Todavía tengo sueños eróticos con ella”); y, más tarde, a un concierto de guitarra flamenca, tras el cual logrará tirársela en el parque. La música que, dicen, está aquí tan mal utilizada, juega un papel fundamental; una escena que ha horrorizado a mucha gente consiste en aquélla en la que Juan Antonio y Vicky conversan por los alrededores de la granja del padre mientras suena de fondo una melodía típicamente catalana: “El noi de la mare”; ¿música catalana para ambientar una escena que transcurre en Oviedo? Vuelvo a insistir: parece que todo el cine que Allen hubiese realizado anteriormente se haya olvidado por completo y ya nadie recuerda cómo suele emplear la música el director de Manhattan a modo de eco psicológico-musical que expresa el estado de ánimo de los personajes: si se oye “El noi de la mare” es porque Vicky está absorta en sus propias cavilaciones, su propio mundo (ella está en España para-estudiar-la-identidad-catalana, se dice a sí misma, no para-flirtear-con-un-pintor-español); a mayor ahondamiento, la conversación posterior entre ambos personajes gira en torno a los estudios sobre Cataluña que Vicky ha venido a realizar. Más tarde, en la secuencia del concierto nocturno de guitarra española al aire libre, la cámara va trazando panorámicas que ponen en relación a Juan Antonio y Vicky, dibujándose sutilmente un proceso de seducción que pasa por el amor, compartido por ambos personajes, hacia la música. Tras el recital, dicha seducción culmina en el parque, secuencia que Allen resuelve sobre una serie de primeros planos encadenados de Juan Antonio y Vicky mirándose, y cerrando la secuencia con una imagen al ralentí de los dos abrazándose y echándose en el suelo: el tono melifluo de esos primeros planos/contraplanos encadenados, y el efecto artificial de la cámara lenta para mostrar ese abrazo de deseo, ponen de relieve la falsedad y el artificio del momento: la relación entre Juan Antonio y Vicky también es una falsedad que está destinada a durar lo que dure su coito sobre la hierba. Más adelante, en sus posteriores reencuentros con Juan Antonio, y en una nueva utilización dramática de la música, la guitarra española habrá sustituido a la música catalana en la mente de Vicky.

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    Un aspecto final que quisiera señalar, frecuentemente citado como otro irresponsable defecto de esta película tan menospreciada e incomprendida (siempre a mi entender, naturalmente), reside en la utilización de sus actores, en particular Scarlett Johansson, Javier Bardem y Penélope Cruz. Se ha dicho hasta la saciedad, y es bien cierto, que ninguno de los tres actúa realmente, sino que se limitan a prestar sus cuerpos a unos personajes que parecen directamente salidos de las respectivas imágenes que proyectan cada uno de ellos. Estoy completamente de acuerdo: Johansson, Bardem y Cruz no interpretan, en el sentido literal de la expresión (o, al menos, no lo parece), sino que actúan en virtud de esos estereotipos que personifican; pero esto último, que a tanta gente le parece un defecto, a mí me parece otra virtud del film. Allen, que ha trabajado con muchos y muy buenos actores a lo largo de su carrera, conoce perfectamente las limitaciones interpretativas de sus intérpretes (que, mal que les pese a sus respectivos admiradores, las tienen). Sin ir más lejos, viendo cómo trataba el realizador a Scarlett Johansson en Match Point (donde ofrecía una jugosa caricatura de la actriz, presentándola como una mediocre intérprete teatral que tan sólo sabe llamar la atención por una belleza turgente a un paso del sobrepeso), y viendo cómo la trata aquí, presentándola como una típica chica-rubia-americana tras cuyas pretensiones de artista no hay absolutamente nada consistente (por si fuera poco, se dice de ella que acaba de dirigir un cortometraje… tal y como ha hecho Johansson en la vida real), nadie diría que la actriz es, como se han hartado de afirmar en todos lados, “su musa”.

    Sea como fuere, tanto si Johansson, Bardem y Cruz se han prestado expresamente a ese juego como si no se han dado cuenta (me inclino, aún a riesgo de equivocarme gravemente, por esta segunda opción), lo cierto es que el último tercio del relato, que se centra en la insólita relación à trois entre Cristina, Juan Antonio y María Elena en la masía del segundo, propone bajo su chispeante apariencia de comedia de enredo un soterrado y nada despreciable discurso en torno a las diferencias culturales, del cual salen triunfadores, con todos sus defectos, Juan Antonio y María Elena, más ruidosos y temperamentales, pero también más sinceros y apasionados que Cristina en su manera de entender y vivir el arte, y de los cuales la joven yanqui se aprovecha a fondo, utilizándolos en su propio beneficio. Resulta sintomática la escena, divertidísima, en la que María Elena se pone a despotricar contra Cristina la primera vez que se la encuentra en la masía conviviendo con Juan Antonio: la temperamental española suelta improperios, naturalmente, en castellano, y Juan Antonio, por respeto a Cristina, le va diciendo que hable “en inglés... en inglés…”: ¡la presencia de una sola persona de los todopoderosos Estados Unidos es suficiente para que los demás bajen la cabeza y se esfuercen en hablar en su mismo idioma para no ofenderla ni hacer que se sienta incómoda o desplazada! (dicho sea de paso: ¿no ocurre algo muy parecido en Cataluña con la lengua catalana?; ¿acaso al final resultará que Allen comprende “la identidad catalana” mejor de lo que se ha pregonado?). Cristina aprende de Juan Antonio y María Elena pintura y fotografía, se acuesta con ambos a la vez o por separado, para luego abandonarlos con la misma inconsciencia e indiferencia con que les conoció: el “¡Niñata de mierda!” que le grita María Elena en la escena en la que les dice que piensa dejarles está más que justificado.

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    Vicky Cristina Barcelona no es, a pesar de todo, una película redonda. Personalmente creo que falla la historia secundaria protagonizada por la también norteamericana Judy Nash (Patricia Clarkson) y su romance adúltero con Jay (un fugaz Abel Folk), destinados a servir de irónico contrapunto a las dudas y temores que asaltan a Vicky cuando, tras su noche de sexo en la hierba con Juan Antonio, empieza a considerar seriamente la posibilidad de no casarse con Doug. Hay algún momento resuelto con torpeza: intentando asesinar a Juan Antonio en un nuevo ataque de celos, a María Elena se le escapa un tiro que hiere levemente a Vicky en la mano. Y la fotografía del habitualmente excelente Javier Aguirresarobe carece de la densidad que siempre le ha caracterizado: al igual que la mayoría de películas de Allen de estos últimos años, se echa en falta en Vicky Cristina Barcelona una estética más elaborada (lo cual, por cierto, choca con el supuesto carácter “turístico” del proyecto). Pero, con todos sus defectos, el film de Woody Allen está lejos de ser un divertimento frívolo y sin sustancia, erigiéndose en cambio en un relato cargado de mucha mala leche. Como me comentaba un amigo al salir de la proyección, el cineasta neoyorquino no se casa con nadie. A lo cual añadiría que en esta ocasión ha demostrado ser un auténtico cabrón.              

Comentarios

Hola Tomás:

Creo coincidir muy poco con un análisis, por otra parte brillantísmo. Y lo digo desde la admiración hacia Woody Allen, al que considero un genio sin paliativos. Incluso me atravería a decir que es uno de los grandes pensadores del siglo XX como conocedor de la especie humana. Pero no todo lo que hace Woody Allen es defendible porque simplemente le ha sucedido lo siguiente, siempre según mi razonamiento. Desde hace años tenía apalabrado rodar una película en Barcelona y vio un hueco en su agenda en 2007 . Un semana, repito una semana antes hace las localizaciones siguiendo el dictado de algún tipo muy listo relacionado con el Ayuntamiento de Barcelona. Por un sentido del pudor y para no levantar tantas sospechas, entre el rosario de sitios emblemáticos que toma como escenario el film se dejaron la Plaça Sant Jaume. ¿Labor de W. Allen a nivel de decidir localizaciones? Cero. Incluso dentro de esa semana tuvo tiempo para tocar con sus amigos de la banda. Muy presionado no es que estuviera en este sentido.
Luego viene la elección de intérpretes: "¿con quién contamos", se debió preguntar? Pues los que suenan fuera de España: Penélope Cruz y Javier Bardem, además de Scarlett Johansson, que ya había trabajado varias veces con él. Aunque parezca mentira, Woody Allen solo había visto "Volver" de todas las pelis de Pe. Sin comentarios. Muy puesto en cine español no está el hombre. Para mí no es una cuestión de si conoce o no la identidad catalana. Él tenía un compromiso de rodar en la capital catalana y ha creado una ficción en la que pone en evidencia
que "Vicky Cristina..." podía suceder en cualquier rincón del mundo. Allen tan sólo se rige por los tópicos . Es como si un director español se va a la China para contar su guión habiendo estado de turista unas cuantas veces. Pues se basará en lo que conoce, es decir, más bien poco. A Allen le quitas de su "manzana" (Manhattan) y de Londres (ciudad a la que se refería ya en "Annie Hall"), y es como un "pez" fuera de su "pecera". Sobre el estudio de caracteres al que aludes cuando éstos se basan en puras caricaturas, el resultado no puede ser más que algo superfluo. Comparto lo que dices de Aguirresarobe (su trabajo más insustancial en bastantes años) porque ni tan siquiera un director de fotografía de su prestigio tiene voz ni voto cuando Allen se convierte en el demiurgo de su historia. A nadie consulta el guión. Va a misa. Y así le sale una historieta en la que un pintor de unos treinta y pico tacos, sin beberlo ni comerlo, se saca de la "chistera" un avión privado para llevar a las dos chicas USA a Oviedo de noche y con temporal. La secuencia del plano de avión de "Annie Hall" es una masterpiece comparado con una de las secuencias peor filmadas y lo que es peor, con menos sentido que ha hecho W Allen desde hace décadas. Y con toda la tranquilidad del mundo las chicas suben al avión... pilotado por un pintor que no conocen de nada, salvo en un fugaz encuentro en un restaurante!!! Cualquiera con dos dedos de frente que hubiera leído el guión le hubiera advertido a Allen que esa secuencia, casi que no... Ese es el problema de directores que están por encima del bien y del mal, incapaces de someter a revisión sus guiones sabedores que todo lo que hacen va a misa. De un genio como Allen, al menos un servidor, espera bastante más. "Vicky Cristian Barcelona" es un film hecho con precipitación, sin atisbo de genialidad, que abusa de la caricatura. Y para colmo, algunas situaciones son muy similares a otras de sus películas como el disparo accidental del arma por parte de Pe (¿No estaba ya en "Todo lo demás")... En fin, un despropósito.


Buenos días, Christian:
Lo primero de todo, gracias por participar. Está muy claro que nos hallamos ante una película polémica y precisamente por eso hay que hablar de ella e intentar aportar todos los puntos de vista posibles, pues siempre resulta enriquecedor.
Comparto en gran medida algunas de tus apreciaciones, como que Allen no se ha "matado" a la hora de localizar exteriores barceloneses (ni ovetenses: no enseña la estatua que tiene erigida en Oviedo por los pelos). También que ha echado mano de los actores españoles con más proyección internacional en estos momentos, Javier Bardem y Penélope Cruz. Y en lo que estamos todos de acuerdo es en que describe España y Cataluña (y también a los norteamericanos) con tópicos.
Pero, vuelvo a insistir, crea que esa utilización es deliberada y que todo es una cuestión de tono, en este caso de farsa y caricatura. Allen se cachondea abiertamente y a la cara de todo aquello que a nosotros nos parecen, y son, tópicos, pero sigo creyendo que es deliberado.
Desde luego que Allen tiene mejores películas que ésta, ya lo digo en el comentario, pero también pienso que, hasta no hace mucho, todo el mundo daba por hecho que cada nuevo film suyo era una obra maestra absoluta, cuando lo cierto es que siempre, siempre ha sido irregular: ya en la época de "Annie Hall" y "Manhattan" había hecho cosas, a mi entender, fallidas como "Interiores", y así a lo largo de toda su carrera, que en su conjunto es notabilísima, pero no completamente excelsa, por más que ya querrían muchos tener una filmografía como la suya.
La otra noche que fuimos a cenar ya lo comentamos: sigo pensando que la secuencia del restaurante y la increíble proposición del viaje en avioneta a Oviedo es un "gag", una pura guasa absurda y disparatada, y creo que así la enseña (con el contrapunto del personaje de Vicky, la chica-seria-y-racional, que ya dice en voz alta que todo eso es una auténtica burrada...).
No estoy muy seguro de que reírse de los tópicos no sea precisamente una forma aguda de poner en evidencia que son eso, tópicos de los cuales lo mejor que se puede hacer con ellos es reírse de los mismos. Supongo, por tanto, que la polémica que suscita esta película reside en que no está claro dónde acaba el tópico puro y duro y dónde empieza la mirada irónica sobre el mismo; ¿lo ha hecho aposta..., o simplemente es que le ha salido así? Yo me inclino por la primera opción, pero comprendo que sea factible opinar todo lo contrario: que Allen se ha "columpiado" y se nos ha reído en la cara, haciéndolo además de cualquier manera...
La cuestión no es pacífica, lo sé, pero para eso estamos aquí, para debatirla, que es lo bueno.
Un fuerte abrazo, y gracias por participar.
Tomás.


Estimado Tomás: me he leído casi todas tus críticas aparecidas en el blog, y todas me han gustado. Estoy de acuerdo con la mayoría de lo que dices, aunque discrepo de tu opinión sobre Brian de Palma. En el lado positivo he de decir que siempre que echan cosas como Los intocables de Eliott Ness o Misión imposible, me quedo enganchado y las veo. Femme fatale es una de mis asignaturas pendientes. Pero cintas como Carrie o La furia me parecen francamente infumables, y ya sabes que no tengo prejuicios contra los directores "de género", simplemente las imágenes de estas películas me parecen un cúmulo de despropósitos.
Respecto a la película de Allen reconozco que aún no la he visto pero que pienso hacerlo en cuanto la proyecten en el cineclub de al lado de mi casa (el único que hay en Marbella) teniendo muy en cuenta tu crítica, la cual cotejaré con el film. Yo también opino que Penélope Cruz y Bardem son un par de actores sobrevalorados.
Bueno, que sigas haciendo crítica tan estupenda como a la que nos tienes acostumbrados. Un saludo y felices fiestas.


Hola tomás:
La película no me parece de lo mejor de Woody Allen, pero ni mucho menos el desastre que se viene diciendo.
Si se critícan las localizaciones por tópicas, que se haga tambien en sus obras "cumbre", pues creo que estas se acercan también bastante al tópico en cuanto a localizaciones.
Personajes tópicos les ha habido siempre en grandes comedias (Lubitsch, Hawks, Wilder, la lista es larga), pero es el tono, el trataiento que se da a estos arquetípos, las virtudes de la puesta en escena lo que hace grandes éstas, y por desgracia ésta no es una película de grandes hallazgos en ese sentido.
Allen nos habla de comportamientos y lugares conocidos para los españoles (catalanes) y por eso muchos dicen que es un tópico turístico, una imagen equivocada de Cataluña...cosa que tambien podrían argumentar los judios y clase alta de Nueva York en otras de sus películas.
Saludos.


Buenos días para José y Antoine, y Feliz Navidad:
A ver, José, si tienes ocasión de ver el tan polémico film de Woody Allen en Marbella, parece mentira que en una ciudad como la vuestra cueste tanto ver películas que, como ésta, tienen en teoría una gran proyección comercial. Respecto al tema De Palma, a mí en cambio "Carrie" y sobre todo "La furia" son películas que me han "ganado" con los años, y en cambio "Los intocables de Eliot Ness", aunque me parece que está bien, me ha "perdido" un poquillo...
Es interesante, David, lo que planteas respecto a la visión "tópica" de Nueva York que tiene Allen en sus películas, digamos, "neoyorquinas", algo que en ocasiones se le ha reprochado, pero en este caso con cariño, no con la saña con que se le ha echado en cara la visión, tópica, de España, Cataluña, Barcelona u Oviedo; lo dicho: Allen hace gracia cuando se ríe de los norteamericanos, pero cuando se ríe de nosotros... ya es otro cantar.
Un saludo para los dos, y hasta pronto.
Tomás.


Estimado Tomás: no te extrañe que tenga uno que irse al cineclub organizado por el ayuntamiento de mi localidad para ver una película como la de Woody Allen. Los tres complejos cinematográficos que hay en la ciudad ofrecen exactamente la misma programación. No te extrañe eso, repito, en una ciudad donde ya no hay tiendas de música (antes había varias, desde hace cuatro años, ninguna) con la excepción de la Fnac. No tenemos librerías de segunda mano. A nuestro teatro no traen conciertos de música del siglo XX, cosas de Stravinsky, Bartok, Schoenberg, Shostakovich...siempre están repitiendo la misma gaita (Puccini, Verdi). Un saludo y felices fiestas.


Lo de que no refleja la auténtica Barcelona me parece de un provincianismo exagerado. ¿Qué es esto, un documental: "la barcelona profunda"? Porque en la película no sale el famosísimo restaurante de barrio "CASA PEPE" o el garaje subterráneo donde ensaya un grupo que acaab de sacar maqueta conocido sólo en ciertos ambientes de ciertos barrios de la ciudad, ya la peli es tópica... amos anda.

Lo del erudito extranjero que estudia la identidad catalana me suena a mí a estudiar los rituales de apareamiento de las termitas bonaerenses o el ritmo de crecimiento estacional de cierta subespecie de planta silvestre endémica de un peñasco de la micronesia. Y como la catalana, todas. Quizá alguien de fuera, sin prejuicios y con mucho mundo a sus espaldas, sea capaz de dar un paso atrás y verlo con perspectiva. No es que no sean dignas de estudio, pero tampoco entran en los grandes dilemas existenciales de la humanidad, que digamos.

Temática aparte, la peli como peli la veo diferente al resto de cartelera, algo de esperar en Woody Allen (lo de cartelera es un decir, ya que no la estrenaron en mi pueblo) y opino que vale la pena verla aunque sólo sea por eso.


Estoy muy de acuerdo con esta reseña. Es la primera crítica positiva proveniente de España (soy lationamericano). La película me gustó mucho, y me atrajo más la cantidad de problemáticas que plantea en torno al amor, el sexo, el azar, las obsesiones, el deseo y, sobre todo, el estereotipo. Como dije en mi propia reseña de la película: "Los cuatro personajes principales, y aun los secundarios, son hasta cierto punto clichés, lo que no es un defecto si nos percatamos de que todos, en la vida real, nos estamos convirtiendo cada vez más en estereotipos, parodias de nuestros supuestos roles sociales". Creo que esto es algo que Allen entiende a la perfección: no somos verdaderamente humanos, somos estereotipos, clichés, copias de algo más, de alguien más (¿recuerdan que Juan Antonio copia el estilo pictórico de María Elena?). Y es verdad: el humor de Woody Allen en sus últimas películas, aún en los dramas, es pura mala leche. Sí señor: el viejito se nos volvió un auténtico cabrón. ¡Enhorabuena!


Buenos días para José y Jorge Sánchez, dos amigos de Latinoamérica; bienvenidos al blog, y pasaros por aquí siempre que queráis.
Por lo que me comentáis ambos, parece ser que "Vicky Cristina Barcelona" está circulando ahora por Sudamérica.
Estamos bastante de acuerdo los tres en que el tema de los tópicos sobre España e incluso sobre los norteamericanos es lo que parece que ha molestado, sobre todo aquí en España, donde a pesar de eso la película ha funcionado muy bien entre el público (os aseguro que en la sesión donde la vi con unos amigos, la gente se reía a rabiar y nadie parecía sentirse ofendido ni nada por el estilo...). Yo soy catalán, y también me reí mucho.
Por eso pienso, José, que el tema de la identidad catalana es importante para mucha gente en Cataluña, pero desde la perspectiva de un extranjero eso les debe sonar, como decimos aquí, a cuerno quemado.
Me gusta, Jorge, la idea que apuntas, respecto a que Woody Allen presenta personajes como estereotipos queriendo decir que, en el fondo, la gente es cada vez más estereotipada. Y tu sugerencia sobre el tema de la copia.
Un saludo para ambos, y hasta pronto.
Tomás.


P.D. al mensaje anterior: acabo de darme cuenta de que quizá José no sea latinoamericano, y me he precipitado en este sentido en mi respuesta a los dos amigos anteriores. Si me he equivocado, mis disculpas.
Tomás.


En primer lugar me alegro de que tengas un blog en el que desarrolles tus opiniones sobre el cine. De todos los críticos de Dirigido por eres mi favorito y con el que más suelo coincidir, así que hoy, al ver tu artículo sobre Eastwood en la revista y descubrir tu dirección del blog me he venido rápidamente al ordenador. Ha sido una gran alegría "cinematográfica".
Ahora, que justo empiezo por ver que incluyes este, digamoslo ya (como se dice en las reseñas), bodrio alleniano entre tus favoritas de 2008. Ya ves, para mí es posiblemente lo peor que he visto de él y he visto todo (si bien no he aguantado hasta el final la versión televisiva que hizo hace unos años de una obra teatral propia).
Después de leer el libro de sus entrevistas (bastante reiterativo, por cierto) Vicky Cristina Barcelona confirma que Woody Allen tiene un cajón de ideas que va "pegando" y ajustando a las necesidades económicas que se le imponen para poder hacer una película anual. Y este es el resultado. Para mi la voz en off es un pegamento de escenas desafortunadas, nada originales, previsibles y absurdas sin gracia y sobre todo, para mí, monumentalmente aburridas. ¿Dónde está la gracia en la conversación de Juan Antonio con las americanas en el restaurante? Diálogos que parecen, como todos, improvisados (cosa que menciona Woody Allen en la entrevista de Dirigido: filmó las discusiones de Bardem y Pe sin enterarse de lo que decían). Bardem no para de decir "in english" incluso hasta cuando están ¡ellos solos!
En fin, una película barata que tocó aquí porque no le salió financiación para hacerla en otro sitio y que si se desarrollara en Hungría, a lo mejor chirriaba menos.
Me alegro mucho de leer tu blog y de poder charlar así, casi directamente, con mi crítico favorito.
Un saludo desde Salamanca.
Tomás


Buenos días, Tomás (Serrano), y bienvenido al blog:
Gracias por tu amabilidad hacia mi persona, a pesar de que en el caso concreto de este polémico film de Woody Allen discrepemos totalmente.
Dejando a un lado la opinión que cada cual tenga respecto a "Vicky Cristina Barcelona", no deja de resultar francamente curioso que, en estos momentos, Allen parezca haber perdido la aureola de "intocable" que tenía tan sólo diez años atrás; puede deberse a un cambio de opinión producido por la perspectiva que da el tiempo, o a una renovación en las nuevas generaciones de aficionados al cine, que le ven o pueden verle, por así decirlo, "pasado" o "caduco". O quizá tendríamos que remontarnos a esas famosas teorías freudianas sobre el deseo implícito de los hijos de matar al padre. Sea como fuere, siempre he creído que la irregularidad ha estado presente de manera constante en el cine de Allen, incluso en la época en la cual todo lo que hacía estaba considerado una obra maestra; irregularidad que a mí me parece normal, natural incluso, en alguien que lleva casi cuarenta años haciendo una película por año. Por tanto, no creo que haya una quiebra de calidad en su filmografía a partir de un determinado momento, sino que las fisuras (por lo general, pocas) ya estaban incluso en su época de mayor reconocimiento: por ejemplo, entre "Annie Hall" y "Manhattan", dos de sus mejores trabajos (sobre todo el segundo), hizo "Interiores", un film que ha resistido bastante mal el paso del tiempo; y no es el único ejemplo que me atrevería a poner.
Un saludo, y hasta otra.
Tomás (Fernández Valentí).


Podría suscribir palabra por palabra este análisis de la película de Allen. El "desconcierto" de gran parte de las críticas negativas está basado en no haber entendido el concepto de farsa de la trama. Confusión de géneros. Pero la intención de la escena del restaurante es tan manifiesta que parece mentira que muchos gente, pretendidamente estudiosa y formada, no se haya dado cuenta. Woody es mucho Woody, hasta rodando a 40 grados en pleno mes de julio rodeado de pelotas, chupatintas y otros especímenes locales.


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